sta
primavera, Ofelia Medina se hizo acreedora al Ariel por la mejor coactuación
femenina en la cinta mexicana Voces Inocentes de Luis Mandoki, premio
que recibió puño en alto, con mucha emoción.
Pocos días antes, entrevistamos a una Ofelia que transforma espontáneamente
los 15 minutos concedidos inicialmente, en un regalo de más de
una hora y media de charla en que “se cuenta”. Sin abundar
sobre una larga y sustanciosa carrera en el cine, el teatro y la televisión,
que está además ampliamente documentada en internet y en
otras fuentes mediáticas contemporáneas, el caudal de sus
palabras versa cada vez más sobre facetas verdaderamente íntimas
de su personalidad: la manera en que ve al mundo, y cómo se relaciona
con o en él. Nos comparte cómo vive la vida, cómo
libra esta lucha cotidiana e incansable de tenerla y conservarla en sus
propias manos, cómo se adentra en ella por los caminos de una cosmovisión
que va “esculpiéndola” con sus palabras en la boca,
dándole una forma muy sui géneris, con gran sentido del
humor …hay que hacer por la vida… afirma.
Polifacética en su persona, su carrera, en la diversidad de actividades
y preocupaciones que la ocupan, sea cuando actriz o cuando sujeto político,
o en su labor humanitaria, Ofelia no considera que haya diferencia entre
todas estas facetas …todo proviene de un mismo ímpetu…
hay una fuerza que me lleva, una pasión …una compulsión
que me preocupó inicialmente en mi juventud y ahora la acepto y
me lleva al bien… generalmente… añade, alojando una
sonrisa traviesa en la esquina de la boca.
En vez de separar lo político, lo social y lo cultural, Ofelia
los toma como parte de una misma realidad; la vida cotidiana de las personas
y las cosas, la de la existencia en general. Así, trabaja dentro
de este marco de referencia, haga lo que haga en donde lo haga.
Más allá de ser polifacética, Ofelia es fiel a las
convicciones que hace suyas con mucha valentía y que motivan sus
acciones cuéstele lo que le cueste, teniendo que enfrentarse con
el ostracismo de quienes se sienten incomodados en su poder o intereses.
Explica su trabajo social con los niños indígenas de México
como parte de una labor cultural. No veo la cultura separada de la cotidianidad.
Los niños indígenas son los portadores de la cultura…
no me importa la preservación de las culturas indígenas
per se, pero sí la vida de los niños, y ellos sabrán
que hacer con su cultura, ellos son cultura y tienen que defender su derechos,
siendo el primero el derecho a la vida. En esto consiste defender y luchar
por la cultura.
Por esto, más allá de las ideologías, inútil
hablar de ellas si no podemos comer, el trabajo de Ofelia y el Fideo,
(Fideicomiso para la salud de los Niños Indígenas de México
fundado hace 15 años por ella junto con el pintor Francisco Toledo
y el Dr. Juan Pérez Amor con los niños indígenas
de México) está inmerso en la cuestión primordial
de la nutrición, distribuyendo 1 500 alimentos al día a
niños indígenas. Sin embargo no sólo se ocupa del
alimento en términos de cantidad sino también de calidad.
El amaranto y su recuperación, la de toda una cultura —una
de mis obsesiones—, nos fue quitado por ser alimento del diablo.
Su exterminio tuvo muy pronto como consecuencia la desnutrición
de las poblaciones indígenas, y muy probablemente también
su extrema vulnerabilidad ante las epidemias que decimaron más
del 90 % de los indígenas a finales del siglo XVI y principios
del siglo XVII. El amaranto como parte del equilibrio de nuestro país
también le hace falta a nuestra tierra, su ausencia y sustitución
la empobrece.
Al término de nuestra hora y media de charla, la palabra “vida”
es la que más apareció y “cobró vida”
bailando en boca de Ofelia.
Es que como pez que se siente bien —y nada bien— en muchas
aguas, Ofelia está agradecida con la vida. Nunca me hubiera imaginado
mi vida.
Cuando dejó el círculo teatral en la Condesa, esta mujer
cuya vida no tiene un patrón establecido, porque todo depende del
trabajo profesional que esté haciendo… pero sí muchas
pasiones, se dirige hacía donde la lleve el corazón, en
este momento, al ensayo teatral de El Deseo.
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