Nina Menocal

El 15º aniversario de su gelería

Por Helios Rossell      Fotos: Pedro Barrera

 

ara realizar un retrato efectivo, Pedro Barrera y un servidor quien fungió de modelo habíamos preparado el montaje del mismo con anticipación. ¿Quién se iba a imaginar que al llegar, Nina decidió cambiar la energía del momento para proponer algunas locuras? El propio fotógrafo se vio en aprietos y hubo de matizar el entusiasmo de la galerista para conseguir una toma alocada, pero congruente con el medio.

Cuando comenzamos la entrevista yo mismo enfrenté un interlocutor cansado de repetir sus anécdotas y ávido a responder cuestiones para las que poco a poco se fue abriendo la oportunidad.

Nina Menocal salió con los suyos de Cuba dejando atrás una ascendencia transcendente cuajada de libertadores, políticos, artistas, mecenas y doce años de su infancia, (narrados para Gritos y Susurros un libro coordinado por Denise Dresser). En 1959 llegan a Palm Beach donde hace el bachillerato, pero no sigue estudiando porque sus padres la querían cerca, pese a que sus hermanos si se prepararon en los “Estates”. Ellos querían que me casara con alguien rico y famoso. Y así fue.
Su historia se vio rápidamente envuelta en un matrimonio y el alumbramiento de su propia familia. Acaso el misterio de la genética la puso en el camino del periodismo, actividad que practicó mucho tiempo, incluso antes del casorio. En esa ruta tuvo contacto con Nicolás H. Sánchez-Osorio cuando éste escribía los quicks para el Heraldo de México. Su vuelo en el oficio de “las nuevas” le fue mereciendo responsabilidades más grandes, pues El Universal le publicaba editoriales, notas políticas y pronto, las portadas. El éxito rotundo vino cuando se hizo acreedora al Premio Nacional de Periodismo por un artículo escrito a partir de una investigación puntual de Santa Fe, mucho antes de que hubiera la civilización que hoy impone una manera innovadora de ciudad. No fue hasta ese punto que ella estudió la carrera de Historia Universal para saciar su necesidad de saber.

La gloria de los triunfos de Nina se vio eclipsada cuando sus padres murieron juntos en un accidente. El fenómeno tuvo un efecto extraño en ella; dice haber caído en una crisis del exilio.

Yo no entendía por qué estaba casada con un mexicano, por qué tenía hijas mexicanas, y por qué vivía en México.

Decide buscarse a sí misma en el vaho de su pasado en Cuba. Para su fortuna el descubrimiento de su verdadera identidad se hizo presente de inmediato, y el destino quiso que se topara con el hilito conductor de su futuro: el arte contemporáneo de los isleños.

Estaba en el lugar correcto, en el momento adecuado. En esos años México y Cuba se llevaban casi de beso de lengüita. Era el único país que aceptaba su situación y pude realizar las primeras exhibiciones internacionales y catálogos de artistas muy importantes como Tomás Sánchez y José Evedia en ‘89, ‘90 y ‘91 cuando la galería estaba en la calle de Biarritz en la Zona Rosa.

El proyecto Nina Menocal comienza a crecer y se extiende a tres departamentos en el mismo lugar antes de trasladarse a la casona en Zacatecas 93, donde se abrió al arte contemporáneo de los mexicanos y en general de Latinoamérica. Tras 15 años de trayectoria en el mundo del arte como galerista Nina confiesa estar realizada porque es una labor que la llena y aunque es muy difícil es lo que le gusta y lo que quiere hacer en adelante.

Ser galera me cuesta mucho trabajo, pero a diferencia del periodismo cuando iba cuesta arriba, sentía que en el ambiente todos traían un cuchillo bajo la nariz; el arte lo comprendo bien y me satisface mucho. El periodismo fue muy duro, llegué hasta donde tenía que llegar y se acabó.

La primera exposición que Nina hizo marcó un parteaguas en su vida definiendo su vocación, pues convivieron en el mismo espacio 15 artistas cubanos, algunos educados por la revolución y otros exiliados en distintos países principalmente en Estados Unidos. El equipo estaba configurado por gente que a la fecha sigue destacando en la administración del arte como Víctor Flores Oléa, Osvaldo Sánchez e Iván de la Nuez. En adelante todas las exposiciones han sido una experiencia maravillosa para Nina Menocal, quien dice que el arte va más rápido que uno.

Hay que estar siempre detrás del arte contemporáneo y las nuevas tendencias para entenderlo y capturar lo que es la cultura desde México. En la galería todos debemos trabajar en equipo. Es muy importante dar a entender que la galería no es sólo Nina Menocal, sino todo un esfuerzo colectivo. El producto final somos todos y no se puede dudar.

De pronto Nina habla del “buen arte” lo que me lleva a preguntarle si hay “mal arte”. Con una gran sonrisa la galera me dice que esa es la primera buena pregunta de la entrevista y guarda silencio un minuto. Inesperadamente la grabación llega a su fin. En conclusión Nina justifica el “buen arte” como un trabajo estructurado y no espontáneo. Nos damos la mano un momento interminable y nos despedimos a sabiendas de los secretos en nuestra conversación sobre el arte que se dispersan en el aire.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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