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i nariz es todo un mundo que sueña con poseer un viñedo,
que produjera un vino estructurado y poderoso”, exclamó Honoré
de Balzac con voz estruendosa a principios del siglo XIX. ¡Increíble!
tenía un apéndice enorme, pero tal vez ignoraba su capacidad
olfativa. En esta época aún no se había descubierto
científicamente la importancia del sentido del olfato y la capacidad
de distinguir y memorizar con el cerebro, desde 400 hasta 1000 olores
diferentes.
Esta época se especializa en hombres bon vivant, ellos tuvieron
la sensibilidad de apreciar la riqueza de este órgano olfativo.
Ellos eran más instintivos, vivían más en contacto
con la naturaleza.
Así en esta cata, vamos a poner nuestra nariz en copas con vinos
de varias partes alrededor del mundo, Francia, España, México
(Baja California) y Argentina. El mundo del vino es también más
complejo ahora y tiene sus paradojas:
Probamos vinos atípicos como el Malbec, planta de origen francés
que compone de un 10 a un 20% en la elaboración de todos los vinos
de Medoc (Francia), pero plantado en Baja California, tierra caliente,
que le da una expresión salvaje, muy sensual, nada que ver con
lo que se obtiene del otro lado del Océano Atlántico.
También probamos el vino marca Sushiwine, que parece como un rayo
de sol, por su color dorado en la botella, está hecho en Francia,
en la región de la Loire, elaborado especialmente para acompañar
la comida japonesa. Otra paradoja, no es tan seco como todos los vinos
de esta parte de la Loire. Estos vinos se producen con las uvas, chenin
blanc, que le dan este suave sabor afrutado, con un toque ligeramente
dulce, gracias al famoso hongo Botrytis Cinerea que ataca la uva; que
no se usa en esta región sino en Burdeos para producir el Sauternes.
Es del agrado masculino, pero estoy seguro que al sexo femenino de buen
gusto ¡le va ¡encantar! Perfecto para acompañar un
pescado o una siesta en la playa a la sombra de un paraguas.
Todas estas paradojas, hacen un poco difícil la cata ciega, pero
es la riqueza de las diferencias que detectaremos, las que enriquecerán
nuestros sentidos.
Por lo tanto, una vida sin paradojas, es una vida sin sorpresas, sin olfato
y sin sabor.
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