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segundo apellido del padre de Juan Francisco Rodríguez Montoya
era Soriano. Y la vida, sus amigos de barrio y la costumbre, le hicieron
en el inicio de su carrera, adoptar el nuevo nombre con el que este gran
artista tapatío comenzaría a firmar sus primeras telas.
Así nació Juan Soriano para la historia de las artes plásticas
mexicanas, como uno de los más excelsos artistas que en vida cuenta
México. Un hombre con grandes valores, con una sensibilidad a toda
prueba y dueño de un arte que sabe desplegar tanto en la escultura
como en el caballete.
Este abril, el próximo martes cinco, (espontáneamente,
y con la ingenua gracia que caracterizan a sus expresiones complementa:
ni te cases ni te embarques) Juan Soriano será condecorado con
la orden de la Legión de Honor en grado de oficial, insignia que
aprecia y que agradece, aunque, y me lo afirma con toda humildad: no me
merezco.
Aunque, todos, propios y extraños saben que la
insignia fundada por el emperador Bonaparte, es un reconocimiento, cuya
medalla le irá perfecto al pecho. Un hombre como Juan bien se merece
esta distinción que en nombre del presidente Chirac, le impondrá
el Embajador Richard Duque en una ceremonia que tendrá lugar en
la residencia de Francia.
La vida de Juan Soriano ha transcurrido parte en México
y parte en París en donde vive parcialmente desde 1976. Así
Juan Soriano se envuelve en ese halo europeo que proyecta en sus temáticas
plásticas, además del aire costumbrista de su Jalisco natal.
En cada ciclo su arte se ha encontrado con los humanos de los que han
surgido maravillosos retratos de personajes de aquí y de allá.
Juan es un precursor de las libertades de la plástica mexicana.
Nacido en Guadalajara, barón único de la familia, bendito
entre sus hermanas, como le comento, (se muere de la risa…) Soriano
confiesa haber vivido por ese hecho una constante frustración,
ante la dificultad de comunicación con sus hermanas.
En 1932, cuando tenía sólo 12 años,
frecuenta mucho a Chucho Reyes y conoce a Barragán de quienes aprende
su visón y entra en contacto con la pintura europea a través
de libros. Ingresa al taller "Evolución" de Francisco
Rodríguez "Caracalla" y nace como artista tras participar
en la exposición colectiva del taller "Evolución"
en el Museo de Guadalajara. Lola Álvarez Bravo, María lzquierdo
y José Chávez Morado quienes aprecian su trabajo le recomiendan
migrar a la Ciudad de México, donde ingresa como maestro de dibujo
en la Escuela Primaria de Arte de la Secretaría de Educación
Pública. Por medio de su hermana, conoce a Xavier Villaurrutia,
Agustín Lazo y Elías Nandino. Durante su estancia en la
capital se relaciona con Emilio Caero y Santos Balmori quien serán
su maestros y quienes lo inscriben en la Liga de Escritores y Artistas
Revolucionarios (LEAR). Expone sus dibujos en una pequeña sala
del Palacio de Bellas Artes. El director de cine Chano Urueta publica
un artículo sobre su obra elogiándolo y entra en contacto
con la galería de Inés Amor.
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