Carlo Rizzarda

El poeta del metal forjado

Por Alexis de la Llata

 
Colección del Museo Cívico de Feltre en la región del Veneto.

ace apenas un siglo las sociedades industriales vivían el fruto del desarrollo en el pensamiento humano que se venía gestando desde el renacimiento. La producción en serie, la tecnología en la medicina, en el transporte, en los métodos constructivos y en la comunicación moldeaban la faz de la civilización en Europa, primero, y en el resto del planeta. Atrás quedaban los oficios manuales y en gran medida la institución de la iglesia católica.

En el mismo periodo en que el modernismo se imponía como corriente cultural, algunos artistas propusieron las bases de un estilo que protestaba en contra de la realidad (incluso estética) demasiado racional: el art nouveau; cuyo dogma era modelar cada objeto con formas extraídas de la naturaleza. En 1900 durante la exhibición de París los fundamentos de esta tendencia en el arte se habían puesto de moda.

En 1883 nace Carlo Rizzarda en Feltre, un poblado ubicado en la región minera de Veneto cerca de los Alpes. La región era famosa por haber abastecido de armas a las potencias Europeas durante el siglo XVI y también era reconocida por la habilidad de sus habitantes para el trabajo del hierro forjado. En 1904 Carlo estudia en Milán las técnicas modernas del trabajo artístico industrial del hierro en la Societo humanitaria y en el taller de Alessandro Mazzucotelli, quien lo instruye en la filosofía del art nouveau. Tras la primera guerra mundial abre su propio taller e impone para 1923 en la Primera Exhibición de Arte Decorativo de Monza, al lado de los grandes maestros en la forja del hierro, sus piezas inspiradas tanto en el art nouveau como en modelos del renacimiento y el barroco. Ugo Ojetti, un crítico muy reconocido de la época celebra su talento bautizándolo como poeta del metal forjado.

Peculiarmente los gustos de las clases altas variaban al ritmo del vertiginoso siglo XX y para la Tercera Exhibición de Monza celebrada en 1927, su éxito se ve opacado (tanto como el de su propio maestro Mazzucotelli) por nuevas corrientes estéticas que proponían un estilo más sobrio y funcional. De hecho el gusto por el hierro forjado cae en el olvido unos años después marcando el fin de esta arte decorativa.

Rizzarda quien no logra adaptarse a la vanguardia decide comprar una casa en Feltre donde instalaría un museo con su obra, mas muere en 1931 a causa de un accidente automovilístico dejando este proyecto como herencia a su gente. Esta es una probadita de su creación.

Maroun H. Salloum

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El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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