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vez bajo el influjo de las fuerzas que actúan en el ensueño,
fue llevado a un lugar de luz blanca de totalidad, pero con dantescas
sombras de lo negativo e inferior. Los negros espectros atravesaban ese
espacio de izquierda a derecha, del inconsciente a lo consciente, del
pasado al futuro, de la involución a la evolución. Allí
estuvo “bajo los efectos de una especie de vapor de agua”
que inundó la atmósfera y quería formar figuras que
no llegaban a ser del todo distinguibles. En ese medio etéreo creyó
ver unas siluetas blancas quizá de monjes encapuchados, muertos,
en el limbo o en alguna esfera superior, que se movían sin rumbo
de un lado a otro.
Después Josué tuvo la repentina vivencia
angustiosa de estar cayendo en el vacío y sobresaltado sintió
que descendía de espaldas y daba tumbos hacia un abismo negro,
sin fondo, circunscrito por acantilados de solidez y cohesión como
los de la Quebrada.
Las grandes rocas estén de oro…
El agua se mueve en semitono…
El aire está en soprano ligero
Luego dijo haber estado en el país del “fuego salvaje”
(fogo selvagem) de la pie, inmerso y relajado en un remolino en las alturas.
…ví hacer piruetas a Río de Janeiro…
Se ponía de cabeza sin derramar su bahía
De pronto la ciudad entró en espiral…
y las cosas de la tierra y el mar vieron el cielo…
Una alegría enorme, una alegría como la de las nubes y las
olas
Me aumentaba en terrible sinfonía/Al bajar/Tenía yo los
ojos azules
Y agua de mar en el corazón
Carlos Pellicer, Suite Brasilera, Poemas Aéreos.
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