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bien el hermetismo de la cultura china mantuvo a esta civilización
lejos de ser influida por la visión del mundo occidental, dentro
de la vasta región que comprende el continente asiático,
el pueblo tibetano, permaneció distante, incluso de sus vecinos
durante milenios, desarrollando un peculiar estilo de vida que depende
en gran medida de sus creencias, su tolerancia al medio y una dieta muy
limitada a base de cereal carne y mantequiilla de yak.
En su origen hace aproximadamente 10 mil años
a.C. los moradores de la meseta más grande del mundo eran nómadas
y no fue hasta 2 300 a.C. cuando comienzan a dejar rastro de su presencia
en la tierra. La mitología del Tíbet narra a través
de algunos textos arcaicos que los primeros pobladores de sus tierras
eran un mono y una diablesa cuya descendencia reencarnó innumerables
ocasiones hasta adquirir su forma humana. Las divinidades primigenias
provenientes de los siete reinos celestiales les transmitieron el conocimiento
necesario para su supervivencia.
El contacto con los chinos, los mongoles y los hindúes
moldeó el carácter de su civilización a lo largo
de la historia. Los tibetanos conocieron la guerra siendo una nación
dominante en algún periodo y sometida en otro; en todo caso la
introducción del budismo fue la luz que les cimbró definitivamente.
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