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reconocer algo de la información pertinente a la civilización
teotihuacana fue necesario interpretar textos escritos en inglés
y francés. No es extraño que el incensario ceremonial pertenezca
a una galería francesa, pues queda claro que la investigación
de la arqueología mesoamericana la han realizado especialistas
procedentes de otras naciones. El poder de nuestros científicos
debe ser importante aunque no tan accesible y queda solo preguntarse si
una pieza original fechada en un rango entre el 450 y el 650 d.C. tiene
un valor comercial.
Una de las joyas más preciosas del origen de nuestra
cultura son las ruinas de Teotihuacán a las que tenemos fácil
acceso desde la Ciudad de México. El despliegue arquitectónico,
urbano y artístico del “lugar de los Dioses” estimula
nuestra imaginación llevándonos a aquellos remotos tiempos
cuando los 25 km2 que comprenden la infraestructura citadina, en su apogeo,
proveían los recursos necesarios para sostener hasta 200 mil almas.
La influencia teotihuacana llegó hasta Guatemala en el mismo periodo
en que los romanos llegaban a la decadencia de su imperio para dar paso
a la era medieval.
El panteón de este grupo humano generó
los lineamientos que les permitieron construir la ciudad más grande
de la que se tiene conocimiento en toda América. El contacto de
los sacerdotes teotihuacanos con sus dioses fue refinándose en
manifestaciones artísticas y en el orden mismo de sus edificios
que crecieron dando cabida a sus rituales, a sus tradiciones y hasta su
estilo de vida. Es poco la que podemos conocer de sus misterios pues somos
aún muy ignorantes del modo como debió evolucionar su pensamiento.
El valor de una pieza como el incensario ceremonial es precisamente el
inagotable manantial de información que puede leerse en su trabajo.
Así podemos tratar de reconstruir toda una civilización
como si se tratara de un genoma humano.
Galerie Memoz
Calle del Circo 6
París, 75008
Tel: 01 42 25 84 80
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