Estas cosas permanecían
secretas allí dentro;
y, si no secretas,
por lo menos calladas

Ludovico Ariosto, Orlando furioso,
canto VII, estrofa 30

Por Francisco Javier Campos

 

eltíbera, astur, visigoda, pequeña y frágil como la esposa de Freud con quien guarda una notable semejanza fisonómica, la sin par y ultrasensible mujer nos hizo sentir donceles estelares. Está hecha de “la tela misma del ensueño” como cantó el bardo nayarita y su manto cutáneo recuerda las hadas. Su personalidad conjunta elementos muy diversos de Marie Curie, Franz Kafka, la Dra. Gerti Theresa Cori, la surrealista Remedios Varo y la clarividente Dra. Cole creada por Noah Gordon, entre varios otros.

Ella viene de un planeta Andrómeda casi desértico y aquí en la tierra asume identidad druídica y se viste con el milagro del agua en la celebración de los secretos misterios universales en los lugares sagrados donde se comunica con remotas estrellas y astros lejanos, también prepara remedios y fármacos.

Cual pájaro marino había callado sus confidencias hasta que en un momento de absoluta confianza nos dijo haber sido recipiendaria —hará unos diez o doce años y como viajante de especie humboldtiana por América del Sur— de manos consagradas y en rural, recóndito y modestísimo lugar, de pequeño y albo cofre. Fue hecho de masa lunar traída por Amstrong y su contenido estérico vinculado al mar océano, mediador entre la vida y la muerte, incluye claves y símbolos sobre el futuro de la humanidad y la interpretación oculta de la historia. Lo recibió el silencio, solemne y grave, acariciada por el viento, mientras su corazón golpeaba las arterias con circulante sangre estremecida y sus oídos del cuerpo y del alma/espíritu escuchaban el vibrar de un caracol, microcósmica espiral en eficaz acción sobre la materia.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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