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inicio de ese libro revelador, En el castillo de Barba Azul, George Stainer
afirma que “lo que nos rige no es el pasado literal… lo que
nos rige son las imágenes del pasado, las cuales a menudo están
en alto grado estructuradas y son muy selectivas, como los mitos.
En efecto, al contemplar aquella obra extraña
de Jean-Francois de Bus titulada La fuite en Egypte nos hace evocar al
escritor austriaco. Al admirarla tememos quedar atrapados irremisiblemente
en un mundo infinito de imágenes. De Bus en este trabajo es profuso
en todo y por todo. Nos lleva al mundo oriental y sin piedad nos obliga
a inundarnos de íconos que de tanto verlos, que de tanto estar
en contacto con ellos, parecen haber perdido su sentido. De Bus no admite
ninguna distracción. Trabaja en lienzo con enorme detenimiento,
sin conceder respiro y sin solución de continuidad entre cada uno
de los símbolos que pueblan la obra , con lo que van convirtiéndola
en en un espacio plástico recargado, irritante, como si fuera un
“cromo” en el que se superponen sueños, mitos e imágenes
producidas en época y tiempos diversos. Frente a ese cuadro turbulento
tenemos la sensación de embriaguez, de una borrachera provocada
por la visión a vuelo de pájaro —como si eso fuera
posible—de todos aquellos símbolos fundados por la milenaria
cultura que pobló la rivera del Nilo. Estamos ante un caleidoscopio,
donde no es el color o la luz lo que nos conmueve, sino el conglomerado
perturbador de símbolos arcaicos que vienen a recordarnos el poder
evocador que encierran y que tratan de explicar la existencia humana.
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