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a inquietud del espíritu occidental llevó a Marco Polo allá
por el siglo XIII hasta el lejano oriente. Cuando regresó a Italia
publicó un libro para relatar a los europeos las novedades que
descubriera. De entre las maravillas descritas, señaló la
fabricación de una cerámica blanca realizada con un tierra
que extraían los chinos de las montañas dejándola
40 años a la intemperie para que con ella sus nietos fabricaran
objetos de porcelana, tal y como hicieran sus antepasados. El término
porcelana, de hecho no existía para los orientales pues para ellos
no representaba nada especial; sin embargo en Europa provocó un
furor tal que muchos mercaderes acumularon grandes fortunas de su comercio.
La porcelana en el viejo continente vuelve a catalizar
el espíritu occidental siglos después. Para las elites la
exportación era demasiado costosa y no reflejaba sus gustos estéticos.
Querían crear su propia fábrica para competir con los productos
del este. Años transcurrieron hasta que en Sajonia un joven alquimista
deja a un lado la transformación de metales en oro para avocarse
a descubrir de qué y cómo estaba hecho el precioso material
tan codiciado por la aristocracia. Gracias al patronazgo de un gobernante
(quien lo aprende por fraude) explora en Meissen los secretos del caolín,
material con que se elabora la porcelana. A mediados del siglo XVII tras
una ardua experimentación realiza el descubrimiento y a partir
de entonces se suceden una serie de traiciones que llevaron a la difusión
del proceso. Pronto cada casa reinante tenía una o varias fábricas
y los secretos de producción. La fiebre de la porcelana se desata
en Meissen y otros manufactureros en adelante se dedican a imitar los
diseños y las técnicas de las empresas más prestigiosas.
Durante este periodo se descubrieron distintos tipos de porcelana y técnicas
para decorarla.
En Francia Luis XIV concede un monopolio en Vicennes,
más Madame de Pompadour intercede para abrir una segunda manufactura
en Sèvres. La producción de objetos en porcelana sirvió
en adelante para halagar a los monarcas extranjeros, tanto como al propio
Luis quien es sorprendido con un salón repleto de flores perfumadas
de porcelana francesa.
La porcelana no sólo esta hecha para una elite,
también es hecha por una elite. La autenticidad de cada pieza se
corrobora constando las marcas que identifican el año, las iniciales
del artistas y muchas veces incluso la fábrica donde fueron realizadas.
Jean-Gabriel PEYRE
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Tel: +33 1 42 61 18 77
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