SEBASTIÁN SALDÍVAR
† In Memoriam
 

penas de regreso de las vacaciones de semana santa y cuando se reintegraba a sus obligaciones cotidianas, Sebastián Saldivar , uno de los grandes fotógrafos de México y miembro del equipo de profesionales que nos acompañaron en 1985 a la fundación de Casas & Gente, nos dejó repentinamente, en la plenitud de una vida dedicada desde temprana edad al arte. A la fotografía. Al lente por el cual sólo los privilegiados pueden reinventar la vida.

Conocimos a Sebastián casi de pantaloncitos cortos, como se dice. Su padre Jaime Saldívar, gran pintor y gran gastrónomo, inspiró en él seguramente ese trayecto por los senderos del arte. Cuando preparábamos el proyecto de Casas & Gente, Sebastián se me acercó para ofrecerme colaborar en la que sería la revista de las cosas bellas, un tema que le apasionaba.

Sebastián tenia un ojo especial para descubrir lo bello. Se compró su primera cámara de placa para hacer frente al compromiso adquirido (la revista no publica trabajos en 35 milímetros). En un dos por tres llegó a dominar la nueva técnica y controló la nueva óptica de la cámara que apenas descubría. A partir de ese momento su trabajo se fue perfeccionando a cada paso, y los resultados se veían permanentemente. Seguía siendo un chavito. Pero uno muy talentoso.

Sus primeros trabajos en Casas & Gente no sólo reconfirmaron sus pasos sino que lo proyectaron a una fama que lo colocó en la cúspide. Fotógrafo creador y fotógrafo técnico, llegó a dominar la luz del momento. La luz natural, la diafanidad de sus escenas, la naturalidad de sus iluminaciones otorgaron a su fotografía una nueva dimensión.

Desde la edición número uno de Casas & Gente su nombre apareció en el pool creativo, como llamamos desde entonces al grupo de fotógafos que colaboran con su punto de vista excepcional. Así tiene que ser aquí: hay que imprimir un estilo diferente a las imágenes. Una factura singular. Un algo que hace que en estas páginas las cosas no se vean igual que en otras publicaciones. Ese algo está integrado por varias cosas, pero sobre todo, por lo que conllevan el alma, el espíritu, la creación y el arte. Sebastián nos ofrecía eso y más: una amistad y una relación cordial y respetuosa.

Hojeo esa primera edición de noviembre de 1985, tan extraordinariamente impresa como cada número hasta hoy, y me regalo con sus fotos de la ex hacienda de Tizapán, uno de sus primeros trabajos. Pronto vendrían los viajes: Nueva York, París, Buenos Aires, Marrakech. Fotos y más fotos. Esperábamos siempre con ansias el trabajo de Saldivar. Todos en la redacción sabíamos a priori que tendríamos fotos extraordinarias. Así era siempre.

Sebastián también destacó como retratista. Sus personajes eran geniales. Les sacaba un séptimo sentido. Sus grandes reportajes constituyeron ediciones especiales como la del Museo Franz Mayer, o la dedicada a Puebla en abril de 1986 que le mereció a la revista un premio Nacional de Artes Gráficas. El premio Juan de Pablos.

Esta historia que parecía interminable se ha venido a interrumpir súbitamente. Nos deja la partida de Sebastián un gran hueco en nuestras páginas, en nuestras almas.

Desde el avión de JAL procedente del Japón, un viaje que Sebastián quería hacer algún día conmigo, venía pensando en él a 20 mil pies de altura. Por un momento lo vi entre las nubes en una de esas premoniciones que se tienen en el espacio, cuando uno viaja. Tuve un mini diálogo con él, en el cielo aborregado de una semana santa que, en el caso del artista, seguramente, no se repetirá. Jamás me pude haber imaginado que era la última vez que lo vería.

Que descanse en Paz.

Para Paz González de León de Saldívar, su madre, Cristina, su esposa y sus hijos Jaime, Mateo y Lucas, mis sentimientos profundos en mi entrañable amistad.

Nicolás H. Sánchez-Osorio
nsoediarte@yahoo.com

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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