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de notario, católico, nacido en Figueras, España, Dalí
es uno de los personajes más redondos, polémicos e innagotables
de la escena artística, social y moral… de la historia (¿por
qué no?).
Hecho de poesía, amigo de García Lorca
y Paul Éluard, seguía paso a paso los desarrollos más
importantes de la ciencia, especialmente el descubrimiento de Crick y
Watson de la hélice doble del ácido desoxirribonucléico
ADN, donde radica la vida individual y toda la vida. Místico, era
un apasionado de Ramón Lull (c 1232-1315), inventor de la Ars Generalis
Ultima, máquina creada para convertir a los mahometanos al cristianismo
donde las partes de las proposiciones de la teología organizadas
en figuras geométricas probarían su veracidad con el girar
de una manivela, disolviendo la diferencia entre verdad natural y verdad
sobrenatural. Revolucionario y apolítico al mismo tiempo, adopta
el surrealismo, cuya definición según Breton es el “dictado
del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón,
fuera de toda preocupación estética o moral". La literatura
lo seduce, enciende su imaginación y así ilustra grandes
obras: la Divina comedia y Don Quixote, por ejemplo. Alguna vez diría:
“mi obra es un reflejo, uno de los innumerables reflejos de lo que
yo hago, escribo, pienso. Toda mi pintura no es más que una parcela
de mi cosmogonía".
Dalí nació hace 100 años, el 11
de mayo. El centenario es motivo para recordarlo, recuperarlo y decir
con él que Dalí no está loco, que Dalí es
un genio.
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