Los 100 Años de Dalí

cristaliza los delirios de Starck

Por Guillermina Olmedo   
Fotografías en b/n de
Philippe Halsman, en Dali’s Mustaches; Flammarion; Francia 1954

 

ijo de notario, católico, nacido en Figueras, España, Dalí es uno de los personajes más redondos, polémicos e innagotables de la escena artística, social y moral… de la historia (¿por qué no?).

Hecho de poesía, amigo de García Lorca y Paul Éluard, seguía paso a paso los desarrollos más importantes de la ciencia, especialmente el descubrimiento de Crick y Watson de la hélice doble del ácido desoxirribonucléico ADN, donde radica la vida individual y toda la vida. Místico, era un apasionado de Ramón Lull (c 1232-1315), inventor de la Ars Generalis Ultima, máquina creada para convertir a los mahometanos al cristianismo donde las partes de las proposiciones de la teología organizadas en figuras geométricas probarían su veracidad con el girar de una manivela, disolviendo la diferencia entre verdad natural y verdad sobrenatural. Revolucionario y apolítico al mismo tiempo, adopta el surrealismo, cuya definición según Breton es el “dictado del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral". La literatura lo seduce, enciende su imaginación y así ilustra grandes obras: la Divina comedia y Don Quixote, por ejemplo. Alguna vez diría: “mi obra es un reflejo, uno de los innumerables reflejos de lo que yo hago, escribo, pienso. Toda mi pintura no es más que una parcela de mi cosmogonía".

Dalí nació hace 100 años, el 11 de mayo. El centenario es motivo para recordarlo, recuperarlo y decir con él que Dalí no está loco, que Dalí es un genio.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

Suscripción en línea

 
Suscríbase | Contenido | Regresar al Inicio
 
Contacto
Envíenos sus Comentarios