ArQuiTecTura Blanca

Entidad de luz
Residencia Martínez Flores en Cotia, São Paulo

Por Carmelina Martínez de la Cruz      Fotos: Jorge Ávila

En el interior los pisos son de cerámica blanca y al igual que los muros, reflejan la luminosidad de la luz natural. En la sala dos sillones en color crudo delimitan el espacio central donde se hallan en una mesa de cristal los libros y memorias que Aurelio gusta coleccionar.
 

l edificio sirve al oficio de habitar y al arte de vivir”, afirma y tiene muy presente el arquitecto mexicano de origen y brasileiro de corazón, Aurelio Martínez Flores. Aun habiendo nacido en una ciudad de exuberancia barroca —Puebla de los Ángeles—, su formación dentro de las teorías de Mies van der Rohe y Le Corbusier lo consolidaron como un amante de la pureza arquitectónica. Con Mies colaboró en la ejecución del proyecto del edificio sede de la compañía Bacardí en la Ciudad de México, en 1958. Aurelio trabajaba entonces como ingeniero de proyectos para Knoll Internacional, donde los muebles de Mies, Marcel Breuer y Eero Saarinen ocupan un papel primordial. Residió en Nueva York por algún tiempo y a principios de los años 60, la compañía Knoll lo envió a Brasil. Con él se mudaron también su esposa, Stella, y sus cuatro hijos. Así comenzó el enamoramiento del paisaje brasileño y de su gente… así comenzó a imprimir su espíritu alimentado por la cultura mexicana y la arquitectura del movimiento moderno en sus diseños.

Al principio de su experiencia brasileña sólo se dedicó al interiorismo y fue hasta 1970 cuando retomó su práctica arquitectónica en el proyecto de la casa de su amigo el publicista José Zaragoza, en Guarujá (Casas & Gente No. 165, mayo 2002). En el mismo año fundó el despacho, Inter Design, al lado de su socio Luis Carta.

Su hogar actual, situado en Cotia, una pequeña ciudad vecina de São Paulo, es la mejor muestra de la “maleabilidad" de sus creaciones. Al principio, Aurelio vivía en la mega urbe y pasaba los fines de semana en su casa de campo en Cotia. Esta casa contaba con una habitación de usos múltiples, dormitorio, cocina, ala de servicio y un pabellón externo con dos habitaciones y un baño. A finales de los 80, el arquitecto decidió instalarse ahí definitivamente, por lo que se amplió el proyecto inicial. A la propuesta original se le añadieron un comedor, un despacho y otra habitación para lograr un conjunto integrado por varios volúmenes salientes y entrantes en los que se diluyen el antes y el después.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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