Ofill Echevarría, Deshoras, 2003. Óleo sobre tela, 95 x 180 cm.
s esta la segunda vez que el pintor cubano Ofill Echevarría, expone en México. Ya esperábamos su regreso. En su primera muestra en Praxis había expuesto óleos de gran formato donde retrataba con precisión asombrosa una sensación a veces hirviente y seductora, a veces sólo angustiosa: la vorágine de las grandes ciudades, motor de la civilización. Sorprendía ver las imágenes de Ofill por la cercanía cinemática al mundo deshumanizado en el que cae el ciudadano promedio.
Y si bien Ofill parece seguir preguntándose por el tiempo, la soledad, el encierro, la falta de vida privada y la sumisión de los sueños más íntimos a cambio de la imagen estandarizada y políticamente correcta y otros costos de la vida contemporánea “exitosa", no se encuentra en estos nuevos trabajos una maduración plena. Fue quizá tan contundente su aparición en la escena artística que verlo de nuevo en la misma línea formal y conceptual, sin mayores cambios ni propuestas de búsquedas estéticas más comprometidas, pareciera poner en peligro la legitimidad de su trayectoria a cambio de un pronto reconocimiento en el mercado. Creo que un artista con su potencial no debe hacer concesiones para asegurarse un sitio con fórmulas probadas. De eso es precisamente de lo que debe uno “escapar" en las grandes ciudades, sin olvidar que la primera exigencia ha de ser consigo mismo.
Praxis
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