El tradicional Brandy de Jerez

El verdadero placer está en el origen

Por Alexis de la Llata

El brandy de Jerez conserva la esencia del vino que ocupó antes la vasija donde se añejó: oloroso, fino o amontillado.

l brandy de Jerez, único con denominación específica, es una bebida cuya producción data del Renacimiento, cuando empezó a decantarse el espíritu del vino. Durante los siglos XVIII y XIX, el comercio de este destilado con Europa del Norte creció notablemente. Los holandeses lo denominaron brandewyn (vino quemado) para diferenciarlo de otros licores, destacando que se trataba de un aguardiente de la uva.
En una ocasión el brandy conocido también como “holandés", no se vendió. Los dueños conservaron el líquido en los mismos barriles donde habían fermentado sus vinos. Pasaron algunos años hasta que lo volvieron a probar notando en su color tonos más oscuros y en su gusto el recuerdo del vino de jerez.
Paulatinamente la experimentación fue consolidando una técnica exclusiva de añejamiento: la solera y la criadera. Para lograrla se colocan los barriles en una fila: la solera. En la primera bota se conserva el brandy más antiguo. A esta vasija se le llama también “solera”. El resto de los recipientes contienen brandy más reciente. El proceso consiste en sacar de la solera un tercio de su contenido para envasarlo, y sustituir el vacío con destilado de la bota anterior. La sustitución se realiza sucesivamente hasta llegar a la primera criadera.
Este mecanismo y el uso de vasijas de roble americano que hayan contenido por lo menos durante tres meses vinos de jerez dieron al mundo el brandy con la esencia de la uva de esta región.
Disfrutar de una bebida como el brandy de Jerez conlleva distinguir el tiempo de añejamiento, y notar en su caricia al paladar, los matices de su origen.
España exporta millones de litros de brandy a los cinco continentes; su impacto económico es tan importante que han construido una plataforma jurídica para velar por la calidad y autenticidad del proceso de elaboración, motivo de orgullo nacional.
En México se promueve su consumo solo, en copas abombadas, a una temperatura similar a la de la mano; en combinación con refrescos o jugos y en la cocina, pues su sabor y aromas exaltan la sazón de un buen chef.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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