Abelardo Favela

Pintor de Nostalgias

Por Miriam Ortìz

La maja con mascotas, arriba, 2001. Óleo sobre tela, 140 x 160 cm.

iguras alargadas en un solo plano y con la mirada ausente a la manera de Modigliani. Elementos cotidianos y animales a la usanza barroca e influencias de Chagall. Personajes imprecisos y colores brillantes provenientes de Matisse. Temas frívolos y bellos que se remontan al impresionismo y al post impresionismo, a las épocas turbias de un Montparnasse lujurioso, en la atmósfera loca de un París decimonónico ya remoto. Aires de nostalgia por un mundo más grato y más sencillo. Paisajes y espacios atemporales que ayudan al espectador a perderse dentro de la obra. La figura humana como elemento central. Abelardo Favela pinta un anhelo completamente etéreo, completamente rebasado. Se detiene a observar y levantar los fragmentos, las reminiscencias de una época. Al mirar su obra nos encontramos con muchas técnicas: el cloissoné de línea negra definida que marca los trazos indefinidos perdiéndose en los colores cálidos de su pincelada suelta, sin rigidez. Una maja más lúdica que invitante, cuya desnudez pasa casi desapercibida de tan naïve, es sólo una de tantos protagonistas de sus obras que se encuentran inmersos en un mundo propio, vedado al espectador, pero cuya paz relaja y agrada. Los formatos son amplios; la luz emana del cuadro entero, de la misma piel de sus personajes. Marinos, bailarinas, majas, novias, sombrillas y animales salen de la paleta de Abelardo para formar un imaginario propio, rico y desafanado. No innova pero logra tocar la delicadeza del espectador sensible a la belleza y a la añoranza de un arte apacible y sencillo. De un arte que es bello por el simple hecho de serlo. No hay discursos ni secretos, solo un halo de hermosura y tranquilidad.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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