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tequila es una cosa de por sí buenísima por su sabor, sus
efectos y ¡faltaba más! porque es mexicano y parte de nuestra
identidad. Asociado al folclor lo vemos como una bebida diurna, muy de
la hora de la comida, en su clásico caballito rodeado por limones
partidos, sangrita, sal y antojitos con mucha salsa. Pero el tequila
es mucho más. La mística alrededor del destilado de agave
Tequilana weber se ha enriquecido en los últimos años para
llegar al siglo xxi con un creciente prestigio universal y traje de gala —la
copa que Georg Riedel creara especialmente para el tequila y que fuera
presentada al mundo el 19 de marzo de 2002 en Guadalajara.
Pero lo más
interesante del tequila de hoy no se ve: está en
su procesamiento. ¿
Ha ido últimamente a un campo de agave o a un rancho experimental
especializado en esta planta? ¿Ha visitado una destiladora de tequila?
El viaje a la región tequilera nos descubre una industria cuyo nivel
tecnológico sorprende a propios y extraños.
Sauza recibe a sus visitantes con evidente orgullo y una excursión
por algunos de los campos donde crecen sus agaves: 44 millones de plantas
son controladas vía satélite a través de un gps (global
positioning system). Azules, de unos 2.5 metros de altura, con sus hojas
lanceoladas, para donde uno mire todas lucen muy saludables. La razón
se encuentra en el rancho experimental El Indio donde los especialistas
de Sauza controlan las variables genéticas para crear plantas vigorosas.
El proceso de cultivo, sin embargo, se lleva a cabo según los métodos
tradicionales y con las mismas herramientas centenarias.
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