| o
cabe duda que el arte frente a la realidad alcanza dimensiones infinitas
cuando se descubre el impulso por trasmitir las experiencias del pasado
inmersas en el presente.
En los últimos años de la década de los cuarenta,
cuando el mundo estaba herido por la Segunda Guerra Mundial, surgió una
nueva generación de artistas estadounidenses con la determinación
de liberarse del miedo y la angustia.
El expresionismo abstracto encontró influencia
directa de las formas geométricas de Piet Mondrian y las teorías
del Bauhaus. Del surrealismo rescató la posibilidad de enfrentarse
al lienzo sin prejuicios estéticos o formales y lejos de la razón,
para suceder a la interacción figura-línea a través
de brochazos enérgicos en amplios campos de color. Willem de Kooning,
Jackson Pollock, Mark Rothko y Joan Mitchell destacan entre otros por su
sensibilidad y sinceridad al pintar. Joan Mitchell (1926-1992) satura de color los lienzos con referencias
inmediatas a los paisajes de su niñez bañados de luz en un acto espontáneo.
Compartir la sensación de pintar y manifestar sus deseos del manejo
del pincel y el color convirtieron su vida en un acto sublime y lleno de
emoción.
El 14 de diciembre del 2002, se inauguró en la ciudad de Fort Worth,
Texas, el nuevo Museo de Arte Moderno proyectado por el arquitecto japonés
Tadao Ando. Integrada al continente arquitectónico sumergido en
el agua, la exposición Las pinturas de Joan Mitchell se trasporta
en el tiempo como las sensaciones de un girasol al momento de morir. Y
de nuevo como en un acto de milagro y luz, vuelve a nacer su color en la
acción de pintar.
|