Gustavo Pérez

Concesiones
Por: Marcela Quiroz Luna
Forma abierta, 2000, 23 x 32.5 x 32.5 cm

icen que Gustavo Pérez (México, 1950) estudió un año de matemáticas, dos de filosofía y algo más de ingeniería en lo que decidía dedicarse a la cerámica. A mí me parece que una búsqueda así en la formación lo debe hacer a uno más noble, más dócil, más humilde ante el ensayo y la conciencia del error.

No hay una forma sólida, parecen decirnos las cerámicas de Pérez expuestas durante estas semanas en las salas de la galería López Quiroga; entendido, como adivino, de que a la vida no existe solución única. Por eso la sabia y sutil experimentación que ve uno en sus piezas, donde lo esencial resultan ser las concesiones que el barro le permite a quien sabe trabajarlo. A quien admira sus obras todo le parecerá, entonces, muy lógico: los geometrismos tanto como la organicidad. Las alineaciones, los empastes, los huecos o los dobleces. La forma se hace como él quiere y todo parece seguir un orden natural. Frente al fluir del espacio entre y sobre la cerámica de Gustavo Pérez uno no puede más que rescatar de los orígenes de la ciencia, las más firmes ideas expuestas por Darwin sobre la evolución de las especies.

Galería López Quiroga

Aristóteles 169, Polanco
Tel: 52 80 12 47
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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