Alfred Sisley

Pinturas atmosféricas
Por Marcela Quiroz Luna      Fotos: Museo Thyssen-Bornemisza
Alfred Sisley, El puente de Hampton Court, 1874. Óleo sobre lienzo, 46 x 61 cm.

icen quienes saben de ciencias naturales que la retina del ojo humano recibe las impresiones del exterior gracias a la luz reflejada o difundida por los objetos. Es en la retina donde las células fotosensibles, denominadas conos y bastones por su forma, hacen lo propio con los estímulos visuales para convertirlos en impulsos nerviosos que al llegar a corteza nos convencen de que efectivamente VEMOS.

Cómo vemos lo que vemos o lo que creemos ver ha sido una preocupación constante en las artes. Si vemos con un ojo en la perspectiva renacentista o sustituimos ojos por mente en el arte conceptual; si cambiamos nuestros propios ojos por una lente o los entrecerramos apenas para difuminar bordes y captar puras ondas de luz, colores y contrastes como hicieron los impresionistas, resulta que el ver y lo visto son siempre un misterio y siempre variables. Porque aun dentro de un estilo, escuela o mafia artística los dictámenes sobre cómo ver, y por ende cómo representar, varían entre sus miembros como varían los pares de ojos.

Aunque queramos entender el impresionismo como algo claro y unido en cuanto a intereses óptico-estéticos y sus resultados plásticos, una ojeada a la obra de Alfred Sisley (1839-1899) muestra que, a pesar de haberse formado en Barbizon con Courbet y Corot, de recibir la influencia de los coloristas ingleses Turner y Constable y de su asociación afectiva con Monet, Renoir, Pisarro y Degas, Sisley es un caso aparte.

Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado 8-28014,
Madrid, España
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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