as
expectativas del público finalmente se cumplieron. La tarde del
jueves 10 de julio, se reabrió la nueva sala, dedicada a exhibir
el mundo maya en el Museo Nacional de Antropología. En efecto,
por más de dos años se llevaron a cabo intensos trabajos
de remodelación, que lo trasformaron en el más elegante
y espacioso recinto, dedicado a mostrar los testimonios materiales de
una cultura prehispánica.
El reto no había sido fácil. Se tenían como referencia
las presentaciones museográficas tanto en el antiguo edificio de
las calles de La Moneda, como en la sala anterior, cuyo discurso científico
se debía a investigadores tan connotados como Alberto Ruz Luhillier,
descubridor de la tumba del Templo de las Inscripciones. Pero han trascurrido
casi cuarenta años y había que mostrar, además de
objetos novedosos, los avances en las investigaciones llevadas a cabo en
todo el mundo maya. Era imprescindible comunicar a los visitantes el notable
cambio ocurrido a partir del desciframiento de la escritura maya y de las
lecturas epigráficas que hoy nos permiten conocer a los gobernantes
de los antiguos sitios, sus linajes y su participación en eventos
históricos peculiares.
En el guión museográfico participaron, además de la
curadora de la sala, destacados investigadores de campo, que enriquecieron
las propuestas académicas materializadas en un proyecto de exhibición
de gran armonía y equilibrio visual.
El visitante se encuentra con novedosas vitrinas de notable trasparencia
y amplitud como la dedicada a los cilindros palencanos. La luz natural
que se filtra por detrás da un espléndido marco de referencia
a los objetos y cumple su propósito: impedir sutilmente que el público
avance de inmediato al subterráneo donde se halla la tumba de Pacal
o vaya al jardín sin realizar el recorrido propuesto para la sala.
Alrededor de 700 objetos arqueológicos originales se exhiben en
luminosas y elegantes vitrinas, capelos y pedestales. Muchos de ellos nunca
se habían mostrado al público. Para muestra tenemos el magnífico
relieve con dos personajes jugando a la pelota, al inicio del recorrido
de la sala; el conjunto de cerámicas ceremoniales procedentes de
Calakmul, en Campeche o la ofrenda funeraria del búho en la antesala
del entierro de Pacal, dedicada a mostrar los diversos ritos y ceremonias
mortuorias llevadas a cabo por los mayas.
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