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primero sería tratar de describir. Porque para escribir de lo
cierto se ha de hacer desde el recuerdo atendiendo respuetuoso al momento
en que éste se convierte en palabras. Así... había
un cuadro en vertical que arriba tenía como heridas. Sí.
Exactamente eso eran: seis heridas muy similares por fuera y de lejos.
Por dentro, como suele pasar con los dolores, tenían sus particularidades.
Aunque repito, de lejos todo parece muy armónico, como suele pasar
con lo monocromático y lo que se encierra en un rectángulo.
Pero es que ya nos enseñaron muchas grandes mentes que para ver
bien las cosas, para conocerlas de verdad, es preciso acercarse. Entonces
uno va viendo que la superficie no es lisa. Ni plana. Sino que está como
tejida por atrás —uno adivina— porque lo que se ve
son veintenas de cuadritos de algún metal recortado finamente,
en formas muy simétricas en área y grosor. Pero resulta
que los cuadritos no están pegados tampoco con los bordes lisos
y parejos. Están más bien desordenados y en desniveles
aun en su aparente acomodo. Entiendo. Esto será así porque
así no se construye la vida, porque en el camino uno se ha dado
cuenta ya de que no es tan fácil. Y uno va entendiendo.
Se trata
de una historia, una historia quizá tan personal como las
mañanas a solas, pero también tan universal como la soledad
de la mañana, de todas las del mundo. Se sugiere uno a sí mismo
por la mirada entonces, viendo la Fortaleza de Rivelino, que lo que estamos
observando es un recorrido en vertical tomado desde la horizontal como
cualquier topografía. Es un estudio de terreno, del terreno del
alma o del terreno del tiempo, ahora de pie sobre un muro blanco, metiendo
al espacio de la galería materiales ajenos a la tradición
moderna pero fundantes de cualquier obra histórica. La tierra, la
cerámica, los metales pulidos u oxidados, algunas maderas, arenas,
pigmentos orgánicos, procesos de tiempo y destrucción propia
del material sobre sí mismo y sobre éste algunos trazos a
veces, o formas básicas cargadas de simbolismos bien reconocibles.
Y a raíz de estos, construcciones, divisiones sobre la horizontal
en tercios compositivos, tejidos, armados, sumas, roturas, incisiones,
balanzas, relatos, puntajes y equivalencias. |