a
diversidad racial en la Nueva España hizo que se inventara
un género pictórico propio de su territorio y esencia:
la pintura de castas, catálogos ilustrados de las mezclas de sangres
y culturas, reflejo de un mundo complejo y fractal.
Hoy, bajo el llamado Castas contemporáneas, la galería
Oscar Román invita a un grupo de artistas a reinterpretar el llamado
dieciochoesco a catalogar una sociedad.
Algunos resultados, como la fotografía
de Lourdes Almeida en la que juega con nuevas mezclas, son interesantes.
Empleados por otros con
mayor o menor fortuna están también los juegos denotativos.
Como
ocurre en las colectivas, aquí hay de todo un poco. Una mezcla
de tiempos y nuevas y viejas castas es el mosaico de Arturo Márquez:
de lo más interesante y propositivo. El realismo fotográfico
en sepias de Gilberto Guerrero es iconográficamente una de las
más sólidas propuestas dentro del juego historicista de
recuperación de formas e intenciones. Otras corren con menor suerte
y parecen más un llamado a la curaduría, como la obra de
Ricardo Villasana que parece ganar su lugar en la muestra sólo
por el título: Castas. |