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a historia de Becky Alazraki está llena de creatividad, trabajo,
tenacidad y éxito. Autodidacta en su trabajo de composición
floral y de diseño de eventos y perfeccionista en todo, Becky
es una mujer que se compromete al cien por ciento en lo que emprende.
Su motor es la pasión: por la vida, por los detalles, por el mundo
del color.
Todo comenzó cuando después de haber sorprendido a familiares
y amigos con la decoración de una fiesta para su hijo Alex, mucha
gente le sugirió aprovechar ese don y hacer con él un negocio.
Empezó hace 15 años con un “puesto" en un mercado
de las Lomas, muy cerca de una sobria residencia del Paseo de la Reforma
donde hoy se encuentran sus oficinas, desde donde su equipo va a todo
el país. Hoy su calendario está marcado por todo tipo de
eventos. La gente me relaciona principalmente con mi trabajo de bodas
pero me encanta hacer de todo: lanzamientos de productos, eventos corporativos,
familiares, pequeños o enormes, dice entusiasta, y mi especialidad
es adaptarme a las necesidades y presupuestos de cada cliente con creatividad
y calidad, dando lo mejor de mí, mi plus.
Esta historia de pasión por las flores se remite a su infancia:
cuando llovía, recuerda, su abuela corría al jardín
a cubrir uno por uno los rosales de su casa en la avenida Masaryk. ¡Eran
sus tesoros! Hoy me es difícil imaginar mi vida sin flores; es
a través de ellas como me he desarrollado en el mundo del diseño
y la creatividad. ¡Me inspiran!
Becky está considerada entre sus colegas como un parteaguas en
el diseño de flores y eventos en el México moderno: antes
de Becky y después de Becky, dicen. Es innovadora, marca tendencias,
nunca ha copiado a nadie y trata de no repetirse. En lo único
que se permite hacerlo es con su ropa: casi siempre de negro los días
de trabajo, siempre de blanco los días de evento. ¿Supersticiosa?
Un poco, admite, sobre todo, soy una mujer de rituales. Y así nos
narra como recibió a quien la hizo debutar como abuela: su nieta
Daniela, hija de Alex y Sara, que entró a casa de sus abuelos
Becky y Rafael flotando sobre pétalos de rosa y rodeada por dulces
que, esparcidos por todas partes, estaban ahí para desearle una
vida igual de dulce. |