Refugio sereno

Pied-à-terre de Andrea Moroni
Por Carolina Salom     Fotos: Jorge Ávila
En el dormitorio, la cama, vestida con un juego de la casa brasileña Trousseau, y los estantes de hierro forjado son diseño de Andrea Moroni. El Buda tailandés es de latón pintado del siglo XIX.
La mesa en primer plano es de laca color rojo.

ndrea María Sorg de Moroni, húngara de nacimiento pero brasileña de corazón —pues desde hace más de 40 años vive en ese país— se dedica a la decoración, al arte y al diseño de muebles. Con estos viste su pied-à-terre de São Paulo y la quinta fuera de la ciudad donde cultiva las rosas cuyas fotografías ilustrarán las tarjetas que vende en el mundo entero. En esta casa de campo organiza grandes recepciones los fines de semana. El pent-house de 175 m2, donde acostumbra ofrecer pequeñas reuniones cuando se encuentra atendiendo asuntos en la gran ciudad, se ubica en los pisos 10 y 11 de un edificio del barrio Jardins, la zona residencial más elegante de la ciudad.

En la planta baja del departamento se distribuyen un dormitorio con dos baños privados, un cuarto de vestir, el baño para visitas, la sala y el salón comedor, donde, sobre la mesa, se despliega espléndido un antiguo kimono japonés del siglo XIX que se usaba para los casamientos. La planta alta, rodeada por un jardín estilo japonés, aloja el bar, la sala y un dormitorio con baño para huéspedes.

El departamento fue completamente decorado por su dueña en un estilo muy limpio y con un espíritu zen, en el que abundan las representaciones de Buda. Los objetos y los muebles que adornan el pent-house provienen del Oriente, región a la que Andrea Moroni viaja con frecuencia, especialmente a Hong Kong donde adquiere importantes piezas antiguas.

Son pocos los elementos que no están relacionados con esa parte del mundo. Entre los objetos provenientes de otros países hay un cuadro en el centro de una de las recámaras, donde se representa una mujer con un gato, firmado por un pintor argentino. En la misma habitación destacan un aparador toscano del siglo XVIII y una estatua de mujer cincelada en alabastro, también italiana y del mismo siglo.

En el departamento se aprecian tonalidades que van desde el beige hasta los tonos ceniza, con muebles tapizados en seda y algodón. Todos los rincones hablan de serenidad y relajación, el ánima que permea el hábitat de esta gran dama de espíritu internacional.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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