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relación entre China y Cartier no es reciente: es una historia
que nos traslada a 1888, cuando para complacer a la vizcondesa de Bonnemain,
Louis Cartier se adentra en el arte chino. Es ahí donde conoce
los secretos de los colores, las formas y los monstruos de ensueño
que esconden el significado de una tierra milenaria, dormida para Occidente
durante tanto tiempo. El joyero francés es cautivado por los materiales,
motivos, ideogramas, bestiarios y dioses orientales, fuente de inspiración
para crear pequeñas piezas mágicas, combinaciones del arte
chino y el art déco, a través de su visón. De su
cabeza salen dragones de oro esmaltado; quimeras inspiradas en las joyas
de las antiguas
civilizaciones en forma de brazaletes; pitilleras en oro amarillo con
ideogramas calados, cuyos trazos sobresalen del esmalte negro; piezas
que en los años
veinte causaron un gran entusiasmo y ahora regresan para deslumbrarnos.
Le Baiser du dragon es una nueva travesía, la unión onírica
entre Occidente y Oriente. Mitos y leyendas de mundos lejanos, que sólo
con los ojos cerrados nos es permitido penetrar, se mezclan en imágenes
para dar forma a esta colección integrada por cinco elementos. Las
joyas de viento nos cantan su melodía mientras las mece la brisa.
Las joyas polícromas se llenan de contrastes y significados ocultos.
En las joyas gráficas se entrelazan trazos ligeros de sabiduría
milenaria. Las joyas de placer provocan al mirarlas gozo que se entremezcla
con lo etéreo de sus formas. Finalmente las joyas absolutas derivan
su gran significado de diamantes, jade, cuarzo y rubíes.
Así, los anillos con aire de pagodas y dragones, colgantes y pendientes
que murmuran su alegre canto como las campanillas aéreas Fen Ling,
prendedores y broches donde el negro, rojo y blanco se combinan con sus
mensajes de suerte, fuerza y unidad resultan verdaderas obras de arte e
historia del otro lado del mar.
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