Abraham Zabludovsky†
(Polonia 1924 - México 2003)
Por: Por Nicolás H. Sánchez-Osorio Fotos: Josefina Rodríguez Marxuach
 
Gran amigo y enorme arquitecto, Abraham Zabludovsky fue captado por la lente de Casas & Gente en 1999.
 
 

alentoso, inventivo, soñador, insaciable lector, coleccionista, bon vivant, viajero, hombre de época, fiel amigo, así era el arquitecto Abraham Zabludovsky, con quien llevé desde siempre una íntima y cálida relación, amistosa y profesional. Abraham tenía un tumor benigno que debilitó sus piernas y lo tenía en silla de ruedas. Falleció el pasado 9 de abril por la mañana en un último intento por pararse a caminar. No me siento muy bien, le dijo a la enfermera, pero me voy a levantar a caminar un poquito. Ahí sucumbió Abraham en su casa de Palacio de Versalles en Lomas Reforma. Aun enfermo, su pasión insaciable por la arquitectura lo hizo trasportar su oficina a su casa con el fin de que pudiera seguir trabajando. Nunca paró.

Fiel desde su fundación, fue durante 18 años miembro del consejo editorial de Casas & Gente. En 1959 lo conocí, estaba trepado en los andamios de la cúpula del Auditorio de Puebla —en los terrenos del cerro de Loreto y Guadalupe—, concluyendo la impresionante obra donde se conmemoró, durante la administración del gobernador Fausto Ortega, el centenario de la Batalla del 5 de Mayo de 1862. Ahí, con Abraham surgió una de mis primeras largas entrevistas sobre su arquitectura, publicada en el diario La Voz de Puebla de la Angelópolis

La mañana del 9 de abril de 2003 el arquitecto concluyó el último plano del Museo del Niño de Villahermosa. Al día siguiente los 140 planos de esta obra, llena de vida, alegría y vitalidad salieron por DHL a su destino. Era el fruto de un trabajo realizado en sólo ocho meses con una entrega y brillantez inusuales. Abraham tenía muy claro cada detalle de este proyecto. Otra de sus últimas obras, el Centro de Convenciones y un teatro en Coatzacoalcos se continúan construyendo en su ausencia. Su equipo y su taller siguen paso a paso estos proyectos como si el propio Abraham estuviera ahí presente.

Abraham, el maestro, supo hacer escuela, crear equipo, comunicar claramente sus ideas entre sus cientos de seguidores de la nueva escuela de jóvenes arquitectos. Prueba de ello fue el homenaje post mortem realizado en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo, al que acudieron más de 600 personas, entre amigos, compañeros, colegas, alumnos e integrantes de la comunidad judía. Ahí su viuda Alinka Kuper de Zabludovsky, acompañada por sus hijos Jaime, Moisés y Gina, y sus nietos, recibió a nombre de su esposo la Medalla de Oro de Bellas Artes. Estoy seguro que de haber recibido en vida esta presea, Abraham se habría levantado y, en una de esas, hasta se habría aliviado. La medalla hubiese sido la mejor quimioterapia. Descanse en paz Abraham. Siempre lo recordaremos. Aún más con su obra presente, que permanece para permitirnos seguir atravesando cada uno de sus umbrales.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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