|
o es nueva la idea de la obra de arte como texto. Eso viene de los conceptualistas
de inicio. Luego también, por otra vía del pop, no
precisamente la obra como texto sino la palabra como obra: la palabra
como signo, como ícono cultural.
Dos galerías en la ciudad están apostando, cada una a su
modo, en estas primeras semanas de lluvias, a dos artistas que trabajan
con la letra en la imagen, con la imagen como texto, con la palabra como
pintura y con el eslogan como consigna político-social o desconsigna
intelectual. Graham Gillmore (1963) es uno y expone en la OMR óleos-esmaltes-madera
en los que pinta frases cortas de dudosa intención filosófica-consumista. ¿Qué dicen
sus obras? Literalmente: (La mitad de todo/casi nada) HALF OF EVERYTHING/NEXT
TO NOTHING. Uno en blanco, otro en azul, lo demás chorreado (pintado
sobre el piso, supongo, por como se escurre a los lados del bastidor
la huella de la acción a la manera de Pollock). Hay juego de tamaños
con la tipografía y el ojo lo entiende a veces, como sucede en
la pintura más tradicionalista, como juegos de profundidad, de
espacio recorrido hacia atrás. Pero sucede que las letras se leen
comúnmente sobre la horizontal, en un plano de izquierda a derecha.
Entonces es cuando la obra se desprende, se acciona la banalidad del
soporte y se busca propulsarse como gesto de cultura. Algunos lo logran,
otros no.
|