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res etapas del periodo de nuestra historia, entre 1864 y 1910, vistas
a través de la retina de la ideología, los valores,
principios, creencias y deseos de la élite en el poder y una
de sus instituciones, la academia, se muestran en esta exposición
donde cada una de las 198 obras presentadas es objeto de una lectura
riquísima. Ahí radica la fascinación de la visita
a las salas del MUNAL en esta tercera versión de Los Pinceles
de la Historia que nos descubre cómo el proceso de consolidación
de una nación moderna —en este caso México— se
vale de las artes visuales para construir el edificio de su legitimación.
Y es en efecto éste uno de los periodos más prolíficos
del género pictórico, llamado entonces “género
de géneros" por incluir en su técnica retrato,
paisaje y pintura de objetos.
Fundamento que da significación y convalida, el pasado de un pueblo
es además una de las fibras que conforman el tejido de su identidad.
En este manto se van bordando las figuras de hechos y héroes,
que de la misma manera van surgiendo en los lienzos con los trazos de
los pinceles guiados por las manos del pintor y el poder. Obras realizadas
como quien dice al alimón, las pinturas históricas van
creando el imaginario latente en la identidad colectiva.
En los lienzos, héroes, sucesos y batallas aparecen o desaparecen
de acuerdo al momento que se vive o sufren alteraciones, a veces perceptibles
y otras no tanto, según los dictados del poder. Las pinturas ilustran
así la naturaleza dinámica del proceso de fabricación
del Estado.
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