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1996 la mujer mexicana empieza a escuchar que es “totalmente Palacio”.
Cuatro mujeres de diferentes edades y estilos de vida lo afirman en anuncios
de revistas, cine, televisión y espectaculares. En 1997 la misma
mujer se destapa y habla abiertamente de algunas de sus verdades más
íntimas: los poderes curativos de un vestido nuevo, por ejemplo.
En esta ocasión es el gran fotógrafo de moda Albert Watson
quien captura la imagen bellísima de la top model mexicana Elsa
Benítez. A partir de entonces, todas las modelos y los fotógrafos
serán extranjeros.
En 2001, la española Carla Collado, fotografiada por José
María Ávila, llora frente a todos —y por todas—
ante el drama de las medias “idas" que adquiere dimensiones
conmovedoras. Más libre e independiente que nunca la mujer Palacio
(Esther Prat y Carrie Donovan fotografiadas por Daniella Federicci) llega
al 2003 resistiéndose a una abnegación que ya no tiene cabida:
no te puedo dar mi vida porque la estoy usando. Punto. Más relajada
y rodeada de luz puede también no decir nada: su imagen tejiendo
una telaraña, afilando el tacón de un zapato o aplicando
salsa Tabasco a sus labios no necesita explicación.
Consumistas o no, feministas, intelectuales o profundamente espirituales
me atrevo a decir que todas las mujeres si no totalmente, somos al menos
un poquitito Palacio.
Trivia: la campaña de El Palacio de Hierro realizada por su agencia
de publicidad de siempre, Terán TBWA, tiene hasta la fecha el mejor
nivel de recordación de la publicidad en México.
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