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esde sus comienzos, a principios del siglo xx, el ballet —de origen
ruso e idioma francés— atrajo a un público culto,
fascinado por su belleza y elegancia. Dirigida por el legendario empresario
Serge Diaghilev, la troupe conocida como Les Ballets Russes se distinguiría
entre todas con sus actuaciones en los mejores teatros de Europa, entre
1909 y 1929.
La colaboración excepcional entre los creadores de vanguardia de
una Europa que marcaba la pauta en todas las artes hizo posible estos
resultados hasta hoy inigualados. Algunos compositores que crearon obras
para el ballet fueron, por ejemplo, Stravinsky, Rimsky-Korsakov, Erik
Satie, Darius Milhaud, Serge Prokofiev, Georges Auric, Francis Poulenc
y Claude Debussy. La lista de coreógrafos incluye a los grandes
entre los grandes: Georges Balanchine, Michel Fokine y Leonide Massine;
mientras que entre los bailarines extraordinarios sobresalía, por
supuesto, Vaslav Nijinsky, cuya presencia electrificaba al público.
Los pintores y diseñadores más famosos de la época
como Picasso, Joan Miró, Alexandre Benois, Nathalia Gontcharova,
André Derain, Max Ernst, Georges Braque y Georges Rouault colaboraron
en este proyecto único creando trajes y decorados para los ballets.
Diaghilev era muy exigente y tenía los más altos estándares
para sus representaciones. Tuvo, además del talento, las relaciones
al más alto nivel para poder llevar a cabo el montaje de sus suntuosos
espectáculos esperados por un público exigente y ávido
de novedades. La innovación era su fuerte y Europa pudo ver los
escenarios mejor concebidos y decorados, así como la coreografía
más radical y vanguardista que combinaba posturas y pasos tradicionales
con algunos nunca vistos hasta entonces. Y, ¿qué decir de
esa música donde las dulces y románticas cadencias del pasado
habían sido sustituidas por notas y sonidos discordantes? El genio
de Diaghilev radicó en su increíble osadía al tomar
riesgos en el montaje de obras donde elementos tan distintos producían
como resultado una expresión artística original, refrescante
y unificada.
El Baltimore Museum of Art rinde homenaje a un arte tristemente desaparecido,
presentando las mejores muestras remanentes de aquellas fabulosas representaciones.
Teniendo como leit motif el 300 aniversario de San Petersburgo, se exhiben
80 decorados de teatro rara vez expuestos, así como 30 lujosos
y extravagantes trajes instalados en un marco evocador de los teatros
donde fueron presentados.
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