José Bedia

Sobre el esqueleto

Por: Marcela Quiroz Luna
Mariposa mágica sobre cruz de noche, 2003, tapiz, 428 x 238 cm.

i la vida se tratara sólo de miedos y profecías, augurios y soledades, nadie tendría mayor razón para seguir en ella. Algo me dice que Bedia lo sabe. Porque por principio, el tamaño de sus lienzos y tapices, no sólo es una cuestión de espacio y de distensión sino de respeto.

Abrir con una mariposa negra gigante no es cualquier cosa. Y menos cuando uno sabe que el negro es el esqueleto de José Bedia. En las palabras, en los contornos de sus figuras humanas y sagradas los cuerpos de hombres y animales muchas veces no encuentran razón para diferenciarse. El trazo, siempre el trazo. A veces lo hace con las manos, con coraje, con ansia y seducción perdida. A veces parece que lo mueve el miedo, el puro miedo de lo que hay detrás del negro. Entonces se vuelca en leyendas, frases hechas, creencias populares, propios destierros. Si son tiburones, o es la noche o es la inmensidad sobre una barca o la soledad del sujeto solo, para todos, en azul, verde, gris, amarillo, para todos es el mismo espacio, la misma carga. ¿A eso le llamarán estilo?

Quizás es en esta última exposición del cubano en nuestras tierras, donde recurre con insistencia al estilo, al saber hacer, a lo conocido. Siguen sus mitologías santeras, siguen sus fetiches compuestos, pero se asoma de pronto, entre ellos, una planta arquitectónica que nos habla de otra cosa. Está vista desde arriba, pero no con ojo de águila. Es más como un producto de la imaginación. Será que Bedia está queriendo ver otras cosas con los mismos ojos.

Galería Nina Menocal

Zacatecas 93
Colonia Roma
México, DF, 06700
Tel: 55 64 72 09
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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