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hayan pensado que por ser un restaurante de famas legendarias, Le Cirque
es un sitio solemne, no podrían estar más equivocados. Festivo
y gozoso, el ambiente ejerce su magia dibujando sonrisas en todos: comensales
y meseros, hostess y chefs. “Es un lugar que te pone bien":
es la opinión generalizada; y todo se conjuga para lograr este
efecto: el espacio, creación de Adam D. Tihany, los elementos de
la decoración donde cada lámpara, los terminados del mobiliario,
los detalles arquitectónicos o el color de los mármoles
intrigan por su belleza; la gente, que si no es muy muy bonita, es muy
muy famosa; la comida estupenda y los postres divinos tienen mucho qué
ver con la atmósfera jubilosa.
Estamos en Le Cirque y hoy no sólo nos sentimos como niños,
sino que los trajimos con nosotros porque comemos en la terraza (en el
salón principal no se acepta a menores de 12 años). Es domingo
a las once de la mañana, día y hora cuando se despliega
el espectáculo del brunch que habrá de deleitar a cientos
de privilegiados hasta las seis de la tarde. Es la Pascua y además
de los monos de aluminio de Rafael Álvarez que parecen retozar
sobre cubos de metal y vidrios de colores saludando a los recién
llegados a la terraza, Régis Monges, chef repostero, ha creado
gigantescos huevos de chocolate con conejitos, tambores, pelotas, máscaras
y otros juguetes del riquísimo dulce.
La transición entre el elegante comedor y la alegre terraza cubierta
por una estructura de metal y vidrio colocada muchos metros por encima,
está marcada por un pasillo donde se han puesto algunas mesitas
para dos a lo largo del murete de piedra. Éste se interrumpe a
tramos por espacios decorados con “arbustos" podados en la
figura de simpáticas teteras y cafeteras. Ahí también
están los “reflectores", espejos ovalados que anuncian
el lugar exacto donde se ha montado la carpa. En esta ocasión son
dos y muy rojas. Del centro penden sendos candiles con cilindros y bolas
de vidrio naranja y amarillo diseñadas por Adam Tihany, gran artífice
creador de los espacios donde se desarrolla el magno espectáculo
de Sirio Maccioni, maestro de ceremonias de los tres restaurantes Le Cirque
(Nueva York, Las Vegas y México, DF).
Bajo las carpas, 40 mesas cubiertas con manteles blancos se despliegan
sobre el piso donde cuadritos de mármol naranja, gris y verde forman
curvas de colores. A lo largo de un lambrín de madera de tzalam
se han dispuesto las mesas con el mejor buffet de la ciudad: ostras, roast
beef, terrinas y patés trufados, gazpacho, sopitas, ravioles orientales,
pastas italianas, ensaladas y una variedad de pasteles y postres para
morirse de lo bonito y de lo bueno. Los ojos se sorprenden, el paladar
se recrea. Aquí todo es alegría… como en los mejores
momentos de una función de circo.
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