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n 1912, cuando el territorio de Nuevo México se anexó a
los Estados Unidos, las obras de arte de la comunidad hispana habían
descendido al más bajo nivel de apreciación. Hasta duele
pensar en montones de estofados rotos y abandonados o en retablos que
servían de escalones o permanecían invisibles bajo gruesas
capas de pintura de bote. Menos mal que justo en esa época la pequeña
colonia de residentes cultos afincados en Santa Fe empezó a interesarse
seriamente en el arte colonial. Entre ellos, la escritora Mary Austin
y el también escritor y artista Frank G. Applegate fundaron la
Spanish Colonial Art Society (1925), cuyo propósito ha sido la
recuperación de sus obras de arte más representativas.
La presencia hispana en EU sigue viva, y el Museo de Arte Colonial Español
inaugurado recientemente en la ciudad de Santa Fe, Nuevo México,
es la primera institución en aquel país dedicada enteramente
a honrar y preservar la tradición de un arte surgido de la que
el museo reconoce como “la primera cultura verdaderamente global
en el mundo". La culminación de muchos años de esfuerzos
de la Spanish Colonial Art Society, el museo alberga tres mil piezas representativas
de un patrimonio artístico de cinco siglos. Es innegable la importancia
de su conjunto compuesto por retablos, estofados, mobiliario, textiles,
elementos arquitectónicos y objetos litúrgicos tan variados
en sus materiales como en su procedencia, así como artículos
utilitarios, de uso personal y ornamentales.
El museo se inauguró en julio de 2002 con la exposición
Conexiones que explora los lazos de unión entre España,
América y Asia, enfocándose de manera especial al estudio
de las rutas comerciales establecidas a principios del siglo xvi. Hace
énfasis en mostrar el carácter fluido y complejo del arte
colonial, resultado de la gran diversidad de culturas convergentes bajo
un mismo dominio y en dejar de encasillarlo como “rígido".
Entre los objetos exhibidos destacan las imágenes de San Isidro
Labrador, patrón de Madrid, venerado también por estas tierras
lejanas y rurales; los originales marcos de estaño reciclado, restos
bien aprovechados del tendido del ferrocarril en el suroeste de Estados
Unidos que enmarcan espejos e imágenes de santos; los portamisales
de marquetería hechos en México con la misma técnica
que en Marruecos; los armarios y baúles y la joyería en
filigrana de oro.
Según las palabras de Stuart A. Ashman, director ejecutivo del
nuevo museo, debemos rendir homenaje a las generaciones de artistas, presentes
y pasados, cuya inspiración y disciplina abrieron las puertas a
nuestra apreciación y entendimiento de las diversas formas del
arte.
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