Kokoschka y la desnudez

Por: Marcela Quiroz Luna Fotos: Museo Thyssen-Bornemisza
Retrato de Adolf Loos, 1909, óleo sobre lienzo, 74 x 91 cm.

uriosamente, los intereses de Adolf Loos (Checoslovaquia 1870-1933) en la arquitectura y sus soluciones —que profesaba y enseñó— se encaminaron siempre hacia la supresión de lo superfluo, a su juicio entendido como el exceso de pasión contenida en una forma. Y digo curioso no porque la arquitectura, que en las primeras década del siglo xx avanzó desde el décó hacia el funcionalismo, entre la Bauhaus y la llamada escuela de Chicago, buscara en otros manantiales, sino porque precisamente fue Loos el principal mecenas de uno de los más apasionados pintores de la época: Oskar Kokoschka (Austria, 1886-1980). La forma ha de seguir a la función, fue uno de los lemas adoptado por artistas de todos géneros en aquella época. Y qué fácil resulta entender las palabras cuando uno camina entre las economías formales de las casas de Le Corbusier. Pero si uno quisiera leer con la misma lente los óleos rasgados de Kokoschka, no podría más que estar loco.

Y es que, son esos, los que la historia del arte ha dado en llamar “retratos psicológicos" del austriaco, los que claramente lo enfrentan a uno con la locura de lo que la sociedad juzga como “sanidad”. De voluminosa producción en sus años jóvenes, concretamente entre 1909 y 1914, fue el propio Loos quien comprara más de ochenta óleos, todos retratos, donde Kokoschka pareció —más que pintar— escupir a la sociedad vienesa y berlinesa de las primeras décadas del siglo xx. Era ésta una sociedad que, a juzgar por sus reacciones más comunes, no estaba lista para verse desnudada hasta los huesos en gestos y expresiones permitidos a todos menos a la alta sociedad, donde todo es apariencia. Porque resultó que el juego entre el libertinaje de la pincelada, el carácter más bien sombrío de la paleta y la desgarradora proyección de lo que los exteriores de quien posa intentan siempre esconder o al menos mejorar de su vulnerable interior, resultaron demasiado escandalosos para los retratados: desbordamientos no pedidos de uno mismo.

Así, Oskar Kokoschka como Egon Schiele y varios otros desafiantes jóvenes artistas, que encabezaron y descabezaron la efervescente capital austriaca de las dos primeras décadas del siglo xx, padecieron quizá lo mismo que disfrutaron sus osadías. Se habló de ellos como los artistas de la secesión austriaca. Hubo claro, como en todo movimiento de vanguardia, intelectuales que desde el inicio los apoyaron. Una de esas plumas fue la de Paul Westheim, a quien, ya en nuestro país, en el exilio de la posguerra, le debemos algunos de los primeros estudios de significado del arte prehispánico, su cosmogonía y sociedad. De críticos como Westheim y chequeras como la de Loos, crearon y sobrevivieron muchos de los impulsores de las vanguardias artísticas del siglo pasado.

Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado 8
Madrid 28014, España
www.museothyssen.org
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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