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cultura es el hacer común de una sociedad", escribió
Octavio Paz en su libro El laberinto de la Soledad. Es la vida cotidiana
de los hombres sumergidos en la búsqueda y construcción
de la realidad" (de su realidad). El arte, el lenguaje, los mitos,
la religión, las costumbres, las ideas y vivencias sobre el amor,
la vida y la muerte, constituyen y distinguen a las sociedades, designan
sus propias características para que posteriormente se unifiquen
como elementos arquetípicos del género humano.
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Para los antiguos mexicanos la oposición entre vida y muerte no
era tan radical como para nosotros. Pensaban que la vida se prolonga en
la muerte en un ciclo infinito donde la resurrección es el tercer
elemento de un proceso cósmico inacabable. La vida tenía
como función más alta desembocar en la muerte, su contrario
y complemento; y la muerte, a su vez, no era un fin en sí. Reflexionar
sobre la cultura azteca es atreverse a entender el temor de los hombres
frente a los dioses, que de igual manera protegen o castigan. Dioses contradictorios
a los que es preciso reverenciar en el múltiple juego del rito,
el sacrificio o la guerra florida.
El sacrificio humano, tan practicado en esa sociedad prehispánica,
poseía un doble objeto: por una parte, el hombre accedía
al proceso creador (pagando a los dioses, simultáneamente, la deuda
adquirida por la especie). Por la otra, alimentaba la vida cósmica
y la social. Es decir que el culto a la muerte representaba (y representa)
a la vez un culto a la vida. Son contrarios que se complementan. Son mitades
de una esfera que nosotros, ubicados en otro tiempo y otro espacio, sólo
podemos entrever.
Aztecs es la exposición que se presenta, desde el 16 de noviembre
del año pasado, en la Royal Academy of Arts de Londres y concluirá
el 11 de abril del 2003. Es la oportunidad de experimentar el esplendor
y la complejidad de esta otrora sorprendente civilización, una
cultura cardinal en la historia de México y una de las civilizaciones
más imponentes del mundo.
El impacto causado por esta exposición en los ingleses radica,
sin duda, en la representación de esos dioses sanguinarios que
exigían tributo, intrínsecamente relacionados con las siniestras
tareas de desollar y extraer corazones de los sacrificados. Quizá
por este motivo Aztecs se ha convertido en una de las exhibiciones más
populares en los últimos años en Gran Bretaña. En
poco más de dos meses, según cifras de los organizadores
Hillary Taylor, Emeline Max y Luct Hunt, al menos 200 mil personas han
acudido a familiarizarse con este escalofriante mundo prehispánico.
En respuesta a esta demanda, la galería se vio obligada a ampliar
sus horarios.
Los diarios londinenses como The Observer donde la crítica Laura
Cumming compara la riqueza de la muestra con la exhibición del
tesoro del faraón Tutankamón. Sin embargo, describe la experiencia
como escalofriante y hace notar a sus lectores lo que ella considera los
rasgos principales del arte azteca donde resaltan la ausencia de representaciones
de animales en movimiento, de mujeres y niños, de hombres excepto
sacerdotes y guerreros y de cualquier posible interés en
el espíritu humano, la amistad, el sexo o la emoción.
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Aztecs es la muestra más completa realizada hasta hoy sobre mundo
precolombino. Cuatrocientas piezas algunas jamás exhibidas
al público describen la vida y época de los aztecas
de 1325 a 1521, con incursiones a sus antecedentes y a la época
colonial).
El programa cultural paralelo a la exposición abarca seminarios,
actividades para niños, conciertos, proyecciones de películas
y cursos cortos sobre diversas facetas de la cultura prehispánica.
A fin de ayudar a conservar y promover el patrimonio de México,
la Real Academia donará el diez por ciento de los ingresos generados
por la venta de tickets a las autoridades mexicanas.
Aztecs, coordinada por Conaculta y el INAH, fue curada por Eduardo Matos
Moctezuma y Felipe Solís Olguín. Se contó con el
patrocinio de la Secretaría de Turismo de México y Pemex.
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