La dinastía de los Suárez
De tal palo, tal astilla
Por: Carmelina Martínez Fotos: Jorge Ávila
 
En el teatro, noche a noche el público reconoce con su aplauso la extraordinaria dinámica entre padre e hijo.

a efusividad del saludo entre Héctor Suárez y Héctor Suárez Gomís refleja un gran cariño entre padre e hijo. Al ver la fotografía más reciente de su nieta Ximena, la emoción de Héctor es evidente, y la manifiesta con un gesto de ternura. Así iniciamos la entrevista en el teatro Fernando Soler, justo antes de comenzar la obra, Mi mujer se llama Mauricio, puesta en escena que presenta Rubén Lara, dirigida por Manolo García, que nos hará reír durante más de una hora y
media.

El guión es del escritor francés, Raffy Shart, quien personalmente vino a México a ver la producción, y le encantó.
CM: ¿Cómo se reunieron padre e hijo para esta obra?
HSG: Mi mujer se llama Mauricio se estrenó en México desde septiembre de 2001. Originalmente, Juan Soler hacía el papel de Jorge, que ahora yo interpreto, pero por compromisos de trabajo tuvo que salir. Mi papá y yo desde hace tiempo buscábamos una obra para estar juntos, así que le propuse la idea al productor, le gustó y aquí estamos.
Héctor Suárez (padre) interpreta a Mauricio, y en este papel demuestra nuevamente la gran capacidad de comunicación que logra con el público. Los aplausos por sus caracterizaciones como Mauricio, un hombre que reúne fondos para la asociación de ayuda fraternal o como la esposa de Jorge, con peluca de chinos, un simpático vestido azul y medias, no se hacen esperar.
Pero, ¿nos hubiéramos imaginado que Héctor Suárez se considera a sí mismo ¡un intruso! de la comedia?

HS: Durante mis inicios, dediqué mis primeros ocho años al teatro de tesis, al teatro clásico; un día decidí intentar el género de la comedia, que es uno de los más duros y difíciles, me refiero a la alta comedia, la de los recursos finos. Y ahí me quedé, invadiendo un género que no es mío, porque yo no me considero cómico. Soy un actor y represento lo que me den gracias a la preparación que tengo.
Y su preparación no es sólo histriónica sino también física, Héctor Suárez continúa tomando clases de danza.
HS: Hasta la fecha levanto la patita como un niño de 20 años.
Y vaya que conserva su agilidad, en Mi mujer se llama Mauricio, lo vemos de un lado al otro del escenario, corre por aquí, sale y entra por allá. ¿Cuánto tiempo le toma transformarse en la obra de hombre a mujer?
HS: Una hoja y media, que es un minuto más o menos, en un minuto me quito la ropa de hombre y me pongo la de mujer.
CM: ¿Cómo se ha desarrollado la relación padre-hijo, especialmente ahora con los dos conviviendo en un escenario?
HS: Nuestra relación siempre ha sido hermosa, muy bella, cimentada en el respeto, en el amor y en la libertad; esto es algo que yo he cultivado con mis hijos.

Y seguro que la relación de amor y respeto también rodeará a los nietos, ya que el cariño está presente desde el momento en que padre e hijo se saludaron, parecen los mejores amigos.
Héctor Suárez siempre se ha distinguido por sus programas de crítica social, ¿quién no recuerda ¿Qué nos pasa? o la película El Mil usos?
HS: Me gusta contribuir con un grano de arena, no hacer lo que todos hacen y quedarme un un medio raquítico y mediocre.
Héctor Suárez Gomís —envuelto en el medio, tanto por su padre como por su madre, Pepita Gomís—, también desea hacer cosas diferentes y no quedarse encasillado en un mismo personaje. Su programa Diseñador ambos sexos, estuvo al aire durante un año en México y ha tenido mucha aceptación en cadenas internacionales.
Lo que es evidente es que los dos aman su profesión y como una estafeta que se lleva en la mano, en la obra Mi mujer se llama Mauricio, cada uno es responsable de su papel, pero ambos son un equipo.

 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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