¿PARA QUÉ
LAS COLECTIVAS?
LOURDES SOSA / JUAN MARTÍN
Por: Marcela Quiroz Luna  
 

Mario Martín del Campo, Cantante, a la izquierda, joyería en oro, 6.5 x 2.5 cm. Rafael Coronel, arriba, Dos monos, acrílico sobre tela, 150 x 200 cm.

n año antes de morir, José Bernardo Couto, el jurista de origen veracruzano, escribía su Diálogo sobre la pintura mexicana, primera historia del arte mexicano. La fecha: 1861. Poco tiempo antes de la llegada de Maximiliano y Carlota, en un país convulso que recién se había visto obligado a “ceder" más de la mitad de su territorio a los Estados Unidos, en la guerra de despojo de 1845-1847, uno de los hombres más cultos, dedicaba sus esfuerzos al rescate y ordenación de la historia de la pintura mexicana de los siglos coloniales. En su diálogo, a la manera de Platón, Couto recreaba para la memoria y la enseñanza un recorrido, discutido entre tres personajes, por la primera Galería de pintura de la antigua Academia de San Carlos, también por él fundada.

Para nuestros fines, esta pequeña historia nos sirve para recordar la que pudiera leerse como la primera muestra colectiva de arte en el país. Que si bien el sentido de la galería ha variado, pues originariamente su finalidad consistió en la recolección, exposición y conservación de piezas artísticas; con la avasalladora consolidación del mercado del arte a fines del siglo xx en territorio norteamericano, el móvil último se fincaría en la venta de obras y la conformación de artistas y trayectorias.
Ahora bien, esos “sujetos y objetos del deseo" construidos y movidos por las galerías pueden dividirse de manera simple en dos: consagrados y por consagrar. Y sobre los consagrados hay actualmente, y a unos pasos de distancia, dos galerías en la ciudad que exponen —en colectiva— una parte de lo mejor de sus mejores artistas.

En la Galería Lourdes Sosa sobresalen las batallas de gran formato de Arnaldo Coen como reconfiguraciones de la obra maestra del renacimiento italiano de Paolo Uccello; los libros estáticos de Naomi Seigman; dos complejas escenas conformadas sobre las particulares mitologías de Jesús Lugo; el Profeta rojo de Francisco Corzas en su misticismo silente, y una de las cajas-ensamblajes más interesantes del ya inmortal Gironella.
Tan sólo a media cuadra, la Galería Juan Martín nos recibe con un interesante diálogo zoofantástico-musical entre dos litografías de insectos y otros animales de Toledo frente a la Tocata y fuga de Mario Martín del Campo. Más adelante, una de las moriscas de papel construido de Palle Seiersen Frost parece anticipar, en la segunda planta, una de las inequívocas piezas cerámicas de Gustavo Pérez como especie de laberintos de la razón. Ecos geometrizantes que resuenan al interior de las volcánicas de Yazpik, resbalando sobre las fácilmente detectables líneas volumétricas de Sebastián.
Y si sobre el recorrido de una y otra volvemos a los esfuerzos de José Bernardo Couto, bien podemos asomarnos en vivo a un mismo proceso que sigue intentando construir historia: las muestras colectivas.


Galería Lourdes Sosa

Ibsen 33-A. Polanco
New York, New York
Tel: 52 80 68 57

Galería Juan Martín

Dickens
Polanco
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

Suscripción en línea

 
Suscríbase | Contenido | Regresar al Inicio
 
Contacto
Envíenos sus Comentarios