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aquinaria,
engranajes, edificios en construcción, fábricas, calderas,
humeantes chimeneas, incansable producción, trabajadores. La magia
estética del mundo moderno: la tecnología y su estética
seductora. El poder. Sueños de hombres capturados magistralmente
por la lente de una mujer en un mundo, otra vez, de hombres. Margaret
Bourke-White (Nueva York, 1904-1971) decidió hacer suyo lo que
la sociedad tradicionalmente negaba a la mujer en las primeras décadas
del siglo xx: el derecho de la mirada como fundación del mundo
moderno.
Bajo la leyenda Margaret Bourke-White: The Photography of Design, 140
fotografías capturadas entre 1927-1936, curadas por Stephen Bennett
Phillips, se muestran por primera vez reunidas en la sede de la Phillips
Collection en Washington DC, de febrero a mayo de 2003. Exposición
ya retrasada como homenaje a una de las miradas que hicieron nacer la
fotografía moderna como consecuencia de las búsquedas propuestas
por la straight photography" o fotografía directa declarada
por Weston, Steiglitz, Strand y seguidores.
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Para ella, sin embargo, quizá lo verdaderamente decisivo vino
de su padre: fotógrafo aficionado, ingeniero e inventor. Un hombre
de ideas avanzadas que permitió a su hija ingresar a la universidad
(Columbia) donde, entre otros cursos, elegiría aquél que
la haría pasar a la historia como una de las mujeres fotógrafas
más importantes del siglo. Ahí, Clarence White, consagrado
artista de la lente, la encaminó sobre las ideas estéticas
del diseño geometrizante con tendencias a la abstracción
avalado por Arthur Wesley Dow. Así, a diferencia de las otras mujeres
dedicadas a la fotografía desde sus primeros años, encasilladas
en los estudios caseros de naturaleza muerta y las fotos de retrato, Margaret
Bourke-White siguió la poco transitada línea de la fotografía
industrial.
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En el contexto del auge de la fotografía de prensa, los diarios
y revistas ilustradas, así como la absoluta fascinación
y fe en la imagen fotográfica como documento social, evidencia
de verdad y progreso, Bourke-White no sólo fue una de las principales
fotógrafas de la revista Fortune, sino que sus reportajes fotográficos
aparecidos en las portadas y páginas centrales de Life, la otra
cara del emporio Time de Henry R. Luce, cambiarían para siempre
el modo de ver y producir del mundo editorial. De la conjunción
de la visión de un hombre poderoso y la mirada de una mujer de
inteligencia sensible nacía en América el fotorreportaje.
Nueva York, Berlín y la asombrosa industrialización soviética
hicieron eco en su mirada, dejando como testimonio series invaluables
que, durante la década de los treinta, denotan una creciente conciencia
social en sus composiciones, si bien siempre enmarcadas por esa pasión
estética por la máquina moderna.
Muchas de las imágenes reunidas para esta exposición no
se han vuelto a editar desde su publicación original; otras jamás
han sido publicadas, mucho menos expuestas. Esta muestra será,
sin duda, un parteaguas en la historiografía de la fotografía
moderna. Era momento ya de hacer justicia a una mujer que dedicó
su vida con declarada devoción a los potenciales que un medio de
la era de la reproductibilidad técnica", a decir de
Walter Benjamin, ofrecía como limpio registro de un mundo fundado
para una mirada sin sexo.
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