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la gesta militar y política de Napoleón Bonaparte, Francia
domina el mundo en los primeros años del siglo xix; sin embargo,
de las naciones conquistadas y del pasado tomará saberes y costumbres.
Los artesanos y artistas buscaron complacer el gusto del emperador y de
su corte de profesionales libres, de médicos y abogados, e intentaron
con éxito acudir a los grandes temas de la Antigüedad para
producir obras evocadoras de Grecia y Roma, ante todo, pero también
de Egipto y el lejano Oriente. Napoleón, con sus conquistas, ensancha
el universo espiritual de Europa y provoca la confrontación de
estilos y de gustos, la oposición de maneras de ser, dando paso
a una nueva estética que se identificará con el mundo moderno.
El nuevo estilo se basa en viejas tradiciones. Los candelabros de Vestales
son muestra de ese espíritu evocador de símbolos antiguos.
Se remonta al panteón romano, donde la divinidad Vestal era considerada
como protectora del hogar, equivalente a la Hestia griega, diosa del fuego
y el hogar, y símbolo de la vida doméstica. Hija de Cronos
y Rea.
En los candelabros de Vestales podemos advertir también el afán
de los artistas franceses por contrastar el espíritu clásico
decantado por el tiempo con la realidad turbulenta de la época
napoleónica. Los candelabros de tres luces realizados en bronce
patinado y dorado recuerdan justamente a la diosa Vestal. Estas piezas
son una muestra característica del espíritu francés
de este periodo histórico.
Como se puede observar, la Vestal de cada candelabro tiene los brazos
abiertos a manera de soporte lateral para una lámpara de aceite
sobre la que se sostienen las tres luces. La imagen sedante de la diosa,
sobre cojines y con las piernas cruzadas en posición de loto, el
pecho erguido y los brazos abiertos le imprimen a los candelabros una
sugerente presencia. El vaciado en bronce de cada esculturilla es de una
factura impecable y los pliegues del velo que envuelve a la diosa es de
una exquisita calidad. Tanto la peana que soporta las figuras como la
lámpara de aceite tienen aplicaciones de bronce dorado que imitan
flores de acanto. Asimismo, la peana, en su parte frontal, reproduce a
la Vestal en dorado, también con los brazos abiertos, sostiene
velas e imprime a la pieza un toque adusto y de elegante gracia. Se sienten
firmes, sometidas al rigor del peso.
Estos raros candelabros inspirados en el mundo clásico recuerdan,
además, algunos de los trabajos de Claude Galle, un artesano que
frecuentaba los temas mitológicos con singular maestría.
De hecho, hay piezas de Galle donde la diosa Vestal se encuentra en una
posición semejante. Hallamos ejemplos notables en algunos de los
más importantes museos de Artes Aplicadas de Francia, lo que significa
que el gusto de la época estaba vinculado al espíritu de
la Grecia Clásica y de la Roma Imperial. El brío napoleónico
no puede desvincularse del mundo clásico, en él toma ejemplo
y se proyecta. Estos candelabros de Vestales, en suma, ponen el acento
en figuras mitológicas, que también representan luz, conocimiento
y sensual recogimiento.
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