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historia de Tiffany se ha escrito desde mediados del siglo xix y, a partir
de entonces, ha marcado las más altas normas de calidad en cuanto
a gemas y metales preciosos se refiere. Las joyas que surgen de los talleres
Tiffany han encontrado un lugar permanente en el corazón de sus
clientes, pues como se sabe, los objetos que portamos se miden por el
valor de su diseño: esa creación exquisita que conmueve
por su pureza y distinción no es un lujo o una extravagancia frívola,
es el icono de la elegancia en nuestra vida. Cada pieza Tiffany está
impregnada de armonía, proporción y orden naturales, que
reflejan y preservan belleza y encanto.
Tiffany ha afianzado su nombre también como proveedor de perlas.
Su fundador, Charles Lewis Tiffany, ordenó al doctor George Frederick
Kunz gemólogo de la compañía adquirir
las perlas más exquisitas en existencia, para su distinguida clientela.
Desde entonces, estas gemas naturales jugaron un papel primordial en el
reconocimiento de la empresa.
Las creaciones a cargo de Paulding Farnhm, jefe de diseño de la
joyería Tiffany, marcaron un parteaguas en la ya exitosa historia
de la empresa. Su habilidad consistía en mezclar perlas y piedras
de colores, inspirado en flores, motivos norteamericanos y orientales.
Ahora, Tiffany incorpora diferentes clases de perlas a su joyería
como se contempla en su nueva colección La Magia de las Perlas.
Collares, brazaletes y aretes cobran vida con las perlas Akoya procedentes
de los mares del Sur y de Tahití. Su impactante belleza se debe
a la minuciosa selección: tamaño, color, forma, exquisito
lustre y espesor del nácar. Después de la clasificación
son ensartadas en hilos de seda pura, para mostrar su peculiar e intenso
espectro de colores: del gris plateado al gris oscuro con tintes rosa,
azul y verde. Este juego luminoso permite lucir lo mismo un cuello descubierto
o complementar, con un toque de frescura, cualquier prenda.
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