JAVIER MARÍN

ESPACIO PARA RECORDAR
  Por: Angélica Navarro     Foto: Victor Benitez
 
 
En medio de una ciudad tan conflictiva poder vivir y trabajar en el mismo lugar es una maravilla, me libro del tránsito, me aíslo y me relajo, afirma Javier Marín mientras parece flotar sobre el cristal de su terraza.

abezas gigantes, labios carnosos, brazos extendidos, ojos vigilantes. Creaciones en proceso reunidas en una estructura que lejos de aprisionar presume y resguarda. Se trata de la casa-taller de Javier Marín.
El artista michoacano es uno de los creadores que han alcanzado reconocimiento en vida. A sus cuatro décadas cumplidas ha presentado 30 exposiciones individuales y ha participado en más de un centenar de colectivas en Argentina, Francia, Bélgica, Italia y Estados Unidos, entre otros. Su casa-taller-laboratorio se encuentra en la calle de Campeche en la colonia Roma y se construyó con plena conciencia de que allí viviría un artista.
De 600 metros cuadrados de terreno y 800 de construcción, el 75 por ciento está destinado a su taller donde tres o cuatro colaboradores le ayudan a fundir, cargar y conservar sus piezas. Al entrar, esculturas monumentales en proceso de construcción reciben al visitante como si se tratara de una tierra poblada de titanes de barro, amaranto o cera, todos inertes pero poseedores de un dinamismo que sugiere vertiginoso movimiento.

La terraza con piso de pizarra rosa y cristal da el efecto de un espejo de agua. Las sillas son biarritz de aluminio y la mesa Viva de resina de poliéster es diseño de Javier Marín.

El despacho Aevum Arquitectos erigió el proyecto hace poco más de siete años bajo la supervisión del arquitecto Claudio Gantous. Javier se refiere a él con entusiasmo: es un arquitecto muy talentoso, que supo manejar mínimos elementos para lograr el equilibrio entre el espacio y mi obra. Otra virtud del diseño es la adaptación funcional de necesidades especificas de mi taller como poleas, arneses, sótano, almacén y luz natural directa la mayor parte del día.

El taller tiene una altura de 8 metros y cuenta con un sótano donde se almacenan los moldes, materiales y esculturas como material que puede reciclarse. Al entrar, esculturas monumentales en proceso de construcción reciben al visitante como si se tratara de una tierra poblada de titanes de barro, amaranto o cera, todos inertes pero poseedores de un dinamismo que sugiere vertiginoso movimiento.

 

 
El baño es de mármol travertino. El grifo es diseño de Phillipe Stark y los muebles fijos de la recámara, que se refleja en el espejo, fueron diseños por Simón Hamui.

Para Javier su casa es… síntesis, pulcritud, libertad y honestidad; Claudio no cubrió nada, dejó las texturas naturales guardando una cierta analogía con mi obra: lo que es de barro se ve como tal, no hay maquillaje… allí están las texturas: tabique, concreto, madera, metal. Al hablar juega con sus perros Sansón y Sandía arrojando burbujas de jabón hacia lo alto de la gran estancia de seis metros de alto. La casa obtuvo el premio CEMEX a la mejor obra arquitectónica de concreto del año 2000.
A cerca de sus proyectos nos dijo que podría participar en la próxima Bienal de Venecia, mientras presenta una exposición en la Main Library de San Antonio diseñada por Ricardo Legorreta. Otra de las inquietudes de Marín es realizar proyectos con arquitectos para generar espacios a partir de una escultura, es una idea que quisiera trabajar con arquitectos como Ricardo Legorreta, Claudio Gantous, Mauricio Gómez Tudo, entre otros. Ellos no lo saben pero me encantaría trabajar en conjunto.

Sus obras se encuentran en colecciones particulares de diplomáticos, embajadores o artistas como el tenor Plácido Domingo, o la decoradora Gina Diez Barroso.
En el catálogo de su exposición en la Compagnia del Disegno en Milán, Santiago Mutis describe su obra con quiméricas palabras: Nada en la obra de Javier Marín nos hace pensar que se trata de un artista joven. [...] Desde Rimbaud, que injurió la Belleza porque la encontró amarga; desde Los burgueses de Calais y el Balzac de Rodin… el arte moderno no había mostrado de una manera tan brutal, tan contundente, la belleza lastimada que se ha arrastrado hasta nuestro siglo, que aún no termina. La destrucción de toda integridad y, sobre todo, de la belleza humana, ha sido nuestra actividad más enconada y lúcida.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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