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abezas
gigantes, labios carnosos, brazos extendidos, ojos vigilantes. Creaciones
en proceso reunidas en una estructura que lejos de aprisionar presume
y resguarda. Se trata de la casa-taller de Javier Marín.
El artista michoacano es uno de los creadores que han alcanzado reconocimiento
en vida. A sus cuatro décadas cumplidas ha presentado 30 exposiciones
individuales y ha participado en más de un centenar de colectivas
en Argentina, Francia, Bélgica, Italia y Estados Unidos, entre
otros. Su casa-taller-laboratorio se encuentra en la calle de Campeche
en la colonia Roma y se construyó con plena conciencia de que allí
viviría un artista.
De 600 metros cuadrados de terreno y 800 de construcción, el 75
por ciento está destinado a su taller donde tres o cuatro colaboradores
le ayudan a fundir, cargar y conservar sus piezas. Al entrar, esculturas
monumentales en proceso de construcción reciben al visitante como
si se tratara de una tierra poblada de titanes de barro, amaranto o cera,
todos inertes pero poseedores de un dinamismo que sugiere vertiginoso
movimiento.
El despacho Aevum Arquitectos erigió el proyecto hace poco más
de siete años bajo la supervisión del arquitecto Claudio
Gantous. Javier se refiere a él con entusiasmo: es un arquitecto
muy talentoso, que supo manejar mínimos elementos para lograr el
equilibrio entre el espacio y mi obra. Otra virtud del diseño es
la adaptación funcional de necesidades especificas de mi taller
como poleas, arneses, sótano, almacén y luz natural directa
la mayor parte del día.
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Para Javier su casa es… síntesis, pulcritud, libertad y
honestidad; Claudio no cubrió nada, dejó las texturas naturales
guardando una cierta analogía con mi obra: lo que es de barro se
ve como tal, no hay maquillaje… allí están las texturas:
tabique, concreto, madera, metal. Al hablar juega con sus perros Sansón
y Sandía arrojando burbujas de jabón hacia lo alto de la
gran estancia de seis metros de alto. La casa obtuvo el premio CEMEX a
la mejor obra arquitectónica de concreto del año 2000.
A cerca de sus proyectos nos dijo que podría participar en la próxima
Bienal de Venecia, mientras presenta una exposición en la Main
Library de San Antonio diseñada por Ricardo Legorreta. Otra de
las inquietudes de Marín es realizar proyectos con arquitectos
para generar espacios a partir de una escultura, es una idea que quisiera
trabajar con arquitectos como Ricardo Legorreta, Claudio Gantous, Mauricio
Gómez Tudo, entre otros. Ellos no lo saben pero me encantaría
trabajar en conjunto.
Sus obras se encuentran en colecciones particulares de diplomáticos,
embajadores o artistas como el tenor Plácido Domingo, o la decoradora
Gina Diez Barroso.
En el catálogo de su exposición en la Compagnia del Disegno
en Milán, Santiago Mutis describe su obra con quiméricas
palabras: Nada en la obra de Javier Marín nos hace pensar que se
trata de un artista joven. [...] Desde Rimbaud, que injurió la
Belleza porque la encontró amarga; desde Los burgueses de Calais
y el Balzac de Rodin… el arte moderno no había mostrado de
una manera tan brutal, tan contundente, la belleza lastimada que se ha
arrastrado hasta nuestro siglo, que aún no termina. La destrucción
de toda integridad y, sobre todo, de la belleza humana, ha sido nuestra
actividad más enconada y lúcida.
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