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os
serpientes azules rodean un espejo. También hay un gato, hipopótamos
de pie vueltos lámpara, una salamandra y algunos hombres. Sus “nanas"
(mujeres como personajes fundamentales en su obra) parece que explotan.
Los cuerpos recuerdan las de las primeras diosas de la fertilidad hechas
de terracota. Todo de colores siempre vibrantes, de trazos invariablemente
encontrados.
Mujeres, animales, hombres o dioses, el sello es siempre reconocible.
Niki de Saint Phalle. La de la fuente afuera del Pompidou, donde parece
que todo es movimiento inventado de forma caprichosa entre ella y su esposo,
el reconocido artista Jean Tinguely. Y es que esta francesa (Neuilly-sur-Seine,
1930-2002 San Diego, Ca.) formada en Nueva York, cabalgó toda su
vida entre los restos libertarios del surrealismo francés y la
estética derivada del pop americano, todo envuelto en organismos
sinuosos, siempre divertidos. Una mirada única e inconfundible
que le valió en vida reconocimiento mundial, consagrada en un museo
dedicado exclusivamente a su obra en Nasu, Japón inaugurado en
1994.
La Nohra Haime Gallery en Nueva York exhibió distintas piezas
de Niki, incansable exploradora del material y sus combinaciones, que
hacen eco de las búsquedas particulares que a lo largo de su carrera
como pintora y particularmente escultora, realizó sobre la forma,
la materia y su simbolismo.
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