REALIDAD PLASMADA EN PORCELANA
EN EL CARROUSEL DEL LOUVRE
Por: Alfonso Bullé Goyri Fotos: The Chinese Porcelain Company
 

a dinastía Tang, que a menudo se le menciona como el linaje que da lugar a un periodo de florecimiento cultural, grandeza nacional y apertura al imperio del mundo chino, también se le recuerda como una etapa en la que el deporte nacional fue el polo y las cacerías a caballo. Cabe mencionar que el primer emperador Tang, Gaozu, de la familia Li, fue ante todo un general capacitado que gobernó entre el 618 y 626. Este perfil del emperador imprimió a su casta carácter y personalidad al tiempo que impulsó la vida cultural y económica de los pueblos bajo su dominio. Los artesanos y artistas de todo el país fijaron en sus obras el espíritu de la época y ya desde los albores de esta dinastía, se comenzaron a manufacturar delicadas piezas en porcelana policromada que reflejaban con puntual precisión y delicada maestría el espíritu ilustrado de aquel periodo de extraordinario refinamiento de la ya de por sí legendaria China.
La cetrería y la doma de lebreles, junto con la maestranza de las cabalgaduras constituye buena parte de la vida de la sociedad. Los artistas perciben la grandeza de la caballada que trota por las apartadas tierras de Afganistán, Mongolia o el Tibet.

Los jinetes y picadores ofrecen el tema y los maravillosos lodos y sedimentos calcáreos brindan los recursos que despliega la imaginación y la pericia de los artistas. La corte, los señores dignatarios y los generales demandan para sus moradas, sus palacios y casas solariegas piezas como las que presentamos, donde la gracia del animal queda patente y donde la mano del artista evoca gestos de un mundo inquietante, hercúleo y al mismo tiempo sensible y suave, de una factura impecable, ejecutados hacia el siglo vii de nuestra era.
El mohín de un caballo, la elegancia de los arreos del otro, el realismo de los halcones son la muestra de un arte secular que vindica aquel periodo histórico. La dinastía Tang florece en medio de grandes perturbaciones sociales. El “Hijo del Cielo", como se le llamaba al emperador, se vio precisado a combatir tanto con los bien adiestrados ejércitos de jinetes como con los burócratas, políticos y diplomáticos. Las habilidades en ambos terrenos y la aplicación de un sistema de compensación de tierras, ayudó a consolidar la base económica que proyectó la cultura Tang en todo el continente. Los artistas acompañan a los soldados a las batallas y participan de la vida privada del emperador. Las distracciones de la corte sirven de base para la prosperidad del arte. Se demanda la producción de obras que recuerdan la realidad, la evocan y la dignifican.

Los animales son el pretexto, son la fuente de inspiración para desarrollar las técnicas de las porcelanas y las terracotas que han sido tan apreciadas en Occidente desde el primer contacto con el Imperio Celeste. La perfección en el modelado y la gracia captada por el artista, engrandecen la figura del caballo, de los pájaros, de los insectos. Los artistas se preocupan por retratar su medio ambiente. Estas figuras de bulto recrean la realidad, la eternizan, la fijan en la porcelana que aún con toda su fragilidad perdura por siglos sin perder su lozana frescura. Es un arte menor que engrandece la vida íntima, es un arte de enorme sofisticación.
Sólo un pueblo con tradición y profundidad histórica puede ser capaz de producir ejemplares tan ligeros y desenfadados que irradian alegría de vida, que trasmiten grandeza de propósitos estéticos y que nos ilustran de la importancia que tiene el arte en esta cultura milenaria.



The Chinese Porcelain Company
475 Park Avenue y street 58
Nueva York, NY, 10022
Tel: 212 838 77 44
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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