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dinastía Tang, que a menudo se le menciona como el linaje que da
lugar a un periodo de florecimiento cultural, grandeza nacional y apertura
al imperio del mundo chino, también se le recuerda como una etapa
en la que el deporte nacional fue el polo y las cacerías a caballo.
Cabe mencionar que el primer emperador Tang, Gaozu, de la familia Li,
fue ante todo un general capacitado que gobernó entre el 618 y
626. Este perfil del emperador imprimió a su casta carácter
y personalidad al tiempo que impulsó la vida cultural y económica
de los pueblos bajo su dominio. Los artesanos y artistas de todo el país
fijaron en sus obras el espíritu de la época y ya desde
los albores de esta dinastía, se comenzaron a manufacturar delicadas
piezas en porcelana policromada que reflejaban con puntual precisión
y delicada maestría el espíritu ilustrado de aquel periodo
de extraordinario refinamiento de la ya de por sí legendaria China.
La cetrería y la doma de lebreles, junto con la maestranza de las
cabalgaduras constituye buena parte de la vida de la sociedad. Los artistas
perciben la grandeza de la caballada que trota por las apartadas tierras
de Afganistán, Mongolia o el Tibet.
Los
jinetes y picadores ofrecen el tema y los maravillosos lodos y sedimentos
calcáreos brindan los recursos que despliega la imaginación
y la pericia de los artistas. La corte, los señores dignatarios
y los generales demandan para sus moradas, sus palacios y casas solariegas
piezas como las que presentamos, donde la gracia del animal queda patente
y donde la mano del artista evoca gestos de un mundo inquietante, hercúleo
y al mismo tiempo sensible y suave, de una factura impecable, ejecutados
hacia el siglo vii de nuestra era.
El mohín de un caballo, la elegancia de los arreos del otro, el
realismo de los halcones son la muestra de un arte secular que vindica
aquel periodo histórico. La dinastía Tang florece en medio
de grandes perturbaciones sociales. El “Hijo del Cielo", como
se le llamaba al emperador, se vio precisado a combatir tanto con los
bien adiestrados ejércitos de jinetes como con los burócratas,
políticos y diplomáticos. Las habilidades en ambos terrenos
y la aplicación de un sistema de compensación de tierras,
ayudó a consolidar la base económica que proyectó
la cultura Tang en todo el continente. Los artistas acompañan a
los soldados a las batallas y participan de la vida privada del emperador.
Las distracciones de la corte sirven de base para la prosperidad del arte.
Se demanda la producción de obras que recuerdan la realidad, la
evocan y la dignifican.
Los
animales son el pretexto, son la fuente de inspiración para desarrollar
las técnicas de las porcelanas y las terracotas que han sido tan
apreciadas en Occidente desde el primer contacto con el Imperio Celeste.
La perfección en el modelado y la gracia captada por el artista,
engrandecen la figura del caballo, de los pájaros, de los insectos.
Los artistas se preocupan por retratar su medio ambiente. Estas figuras
de bulto recrean la realidad, la eternizan, la fijan en la porcelana que
aún con toda su fragilidad perdura por siglos sin perder su lozana
frescura. Es un arte menor que engrandece la vida íntima, es un
arte de enorme sofisticación.
Sólo un pueblo con tradición y profundidad histórica
puede ser capaz de producir ejemplares tan ligeros y desenfadados que
irradian alegría de vida, que trasmiten grandeza de propósitos
estéticos y que nos ilustran de la importancia que tiene el arte
en esta cultura milenaria.
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