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arquitectura de Luis Barragán es magia, misterio y enigma. Memoria
de Mazamitla, olor de los arrayanes de la Alhambra y límite imposible
de los sueños bidimensionales de Giorgio de Chirico, pero sobre
todo es silencio.
La exposición sobre Luis Barragán La revolución callada,
en el Palacio de Bellas Artes, es un encuentro íntimo con la obra
monumental de uno de los más grandes arquitectos de México,
su vida artística, sus amigos…
Sus construcciones tienen el sabor a sandía fresca, y la piel de
sus muros son explosiones de colores de una fiesta de pueblo. En la intimidad
de una habitación cubierta por viguería, rodeada por muros
blancos, la mirada se amplía.
Lo cotidiano dentro de una casa de Barragán se parece a la destreza
con que un director artístico traduciría una partitura para
la plaza de un pueblo. Y a cielo abierto bien pueden recibirse las bendiciones
de los colores del maestro Chucho Reyes.
En las edificaciones del arquitecto jalisciense, mezcaleras dirigen la
atención a la entrada de color rosa y esferas de vidrio distorsionan
los espacios dorados de Mathias Goeritz. La acción de fotografiar
sus obras es azar y encuadre. Disfrutar el horizonte envuelto por el encanto
de la arquitectura de paisaje, detener el tiempo y acercarse a Barragán
es posible gracias a las fotos de Armando Salas Portugal. Las fotografías
capturan el infinito en la escala de grises, dibujos de luz y las perspectivas
del Pedregal, allí donde el fotógrafo caminante espera el
paso de las nubes para trasformar el cielo en tempestad y la arquitectura
de Barragán en paisaje.
Luis Barragán construyó sus sueños en concreto;
inventó jardines abiertos con jacarandas que invaden los interiores,
y casas de mágicas escaleras que evocan una poesía amarilla.
Luis Barragán, lector apasionado de azules, deslumbrado ante la
belleza desnuda de un muro ciego, adoptó en sus creaciones el espejo
de agua: el líquido que corre y se precipita como lluvia tectónica.
Hombre de mano fuerte y de trazos que describen la secuencia del salto
de un caballo indómito a golpe de emociones. Arquitecto de profunda
vocación por la libertad, incansable viajero de siglos y explorador
de formas, vive eternamente en el vuelo suspendido de un colibrí.
La revolución callada recrea sus primeros cien años de nacimiento.
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