| ace
aproximadamente un año estuve en Nueva York, en las oficinas de
Le Cirque. Después de un grato encuentro con Sirio Maccioni, el
fundador, animador y alma del restaurante —que sigue llenando día
a día las páginas de sus libros de reservaciones—,
Benito Sevarin, brazo derecho del genial “patrón", me
mostró “casi" a escondidas los planos que el arquitecto
y diseñador Adam D. Tihany había realizado para el nuevo
restaurante de la Ciudad de México que abriría en el Hotel
Camino Real. Me quedé sorprendido. Parecía más bien
el proyecto de un gran trasatlántico. Plano tras plano de cada
una de las instalaciones eran seguidos en México por un gran equipo
de especialistas dirigidos por Monsieur Richard Vallin. Por más
de un año se prosiguieron los trabajos que eran supervisados a
diario por el arquitecto Adam D. Tihany, quien vía internet y por
teléfono se comunicaba a México varias veces al día.
Sirio Maccioni y el propio Benito hacían viajes relámpago
para inspeccionar la obra y llevar a cabo exhaustivas en-trevistas con
Olegario Vázquez Aldir, inversionista, vicepresidente del Consejo
de Administración de Hoteles Camino Real y director general corporativo
del Grupo Empresarial Ángeles, quien está haciendo grandes
innovaciones en su hotel de la Ciudad de México, para mantenerlo
a la cabeza de una industria que cada vez está más competida.
Le Cirque, inaugurado hace unas semanas, (este reportaje lo hicimos a
tour de force justo antes de entrar en prensa esta edición de febrero)
nos ha dejado perplejos. Boquiabiertos. El nuevo restaurante es impactante
a los ojos. Bello a la vista. Y placentero a los sentidos. Le Cirque México
marca una pauta de gran trascendencia en la vida de un hotel que fue el
parteaguas hace más de 25 años tanto en la arquitectura
como en la hotelería del mundo entero. La arquitectura barraganista
del Camino Real fue llevada con excepcional acierto por el arquitecto
Ricardo Legorreta, quien convirtió al hotel, desde su apertura,
en un landmark de la ciudad capital, representante de la gran escuela
de la arquitectura mexicana en el orbe.
Hoy, Le Cirque reivindica esta gran fama a nivel gastronómico.
Con historias paralelas en el tiempo, el nuevo Le Cirque y el hotel que
lo aloja, son por el momento anfitriones perfectos del viajero internacional
y de los gourmets más exigentes. El Camino Real se rejuvenece con
espacios sumamente placenteros en donde la comunicación, a través
del goce de la comida, se proyecta a otros niveles.
En el nuevo restaurante, el toque lúdico y el fresco estilo de
Sirio Maccioni, de su esposa doña Edigiana —la mama de esta
casta restaurantera— y de sus hijos, se respira, se degusta y surge
a flor de piel. Cada uno de los herederos practica la misma filosofía
desde sus bases: Mauro en México, Marco en Le Cirque de Nueva York
y Mario en el de Las Vegas.
| |
 |
| |
|
FANTASÍA
DE LA ABUELA(arriba):
CREMA DE VAINILLA
Por el chef pastelero Regis Monges
Porción para siete
tazones: |
|
| 400 g de leche |
|
| 1 600 g de crema para batir |
|
| 360 g de azúcar |
|
| 4 vainas de vainilla |
|
13 yemas de huevo |
|
Preparación:
Se mezclan todos los ingredientes,
se colocan en unos moldes para
que se cuezan al baño maría
durante 35 minutos en un horno
a 100 ° C . Se acompaña de
helado de café y una salsa tiesa
de chocolate. |
|
|
| |
|
LOMO DE CORDERO
ROSTIZADO
MARINADA EN TEPENADE (abajo)
Por el chef Kevin Chong
Porción para seis
personas: |
|
6 piezas de lomo de cordero |
|
100 ml de aceite de oliva |
|
| 200 g de puré de aceituna negra (tapenade) |
|
Preparación:
Los lomos de cordero se marcan con
aceite de oliva por todos sus lados,
se pone a cocer en el horno y se deja
reposar en el puré de aceituna negra
(tapenade).
Para servir, los filetes se cortan en
medallones de 1.5 cm y se colocan
alrededor de una quenefa de caviar
de berenjena y papa confitada.
Bañar la carne con vinagreta de aceitunas. |
|
|
| |
 |
| |
En Le Cirque del Camino Real, se resumen sabia y mágicamente el
ambiente de la bella Italia, el savoir faire, las artes decorativas, el
diseño, el gran servicio de quienes están orgullosos de
trabajar ahí (“es un privilegio", me dice uno de los
meseros), la devoción por las artes culinarias, el buen vino, el
detalle, las flores, y toda una estrategia “marca Maccioni"
recreada a diario, para hacer que el comensal se sienta bien, “apapachado",
satisfecho, en familia, o como en un club donde se vale ver y ser visto.
Y si no, pasar desapercibido, de incógnito, en uno de los salones
privados (hay ocho) que pueden resultar tan íntimos (cuatro o seis
personas), o más amplios para treinta o cuarenta invitados.
Le Cirque México es diferente a sus hermanos restaurantes de Nueva
York y de Las Vegas, pero igual de alegre y comunicativo. Un recinto elegante
en donde se respira creatividad y energía. Una producción
que renueva el espíritu del interiorismo elocuente y generoso de
antes. Contemporáneo. Rico. Audaz. Las combinaciones de materiales
tan diversos como: madera, acero inoxidable, vidrio, piel, seda, tejidos
y textiles, alfombras, mármol y la magistral iluminación
favorable al look de ellas y ellos, constituyen el mejor secreto desarrollado
por Adam D. Tihany. En este lugar digno de los mejores platillos, exquisitas
recetas y excelentes vinos salidos de una cava, que se puede convertir
también en comedor de una velada inolvidable.
Cocina abierta, como la tendencia de los grandes restaurantes en el mundo
lo sugieren, barra a la entrada como se estilaba antaño, pero con
su televisión de plasma para estar al día de los avances
tecnológicos. Un bar lounge muy cómodo para esperar a los
amigos, una terraza espectacular Le jardin du soleil (próximo marzo),
la Mesa del Chef y una cortadora italiana de prosciutto que ofrece finas
y transparentes rebanadas enrolladas en grissinis, los típicos
palitos de pan, con los que le dan a uno la bienvenida para abrir boca.
El reconocido y talentoso chef Pierre Schaedelin junto con el chef Kevin
Chong, y el chef pastelero Regis Monges están atentos en los hornos
de esta cocina, única en Latinoamérica, de donde salen como
por arte de magia toda una variedad de platillos franceses, italianos,
o de fusión: caviar, mariscos, cortes especiales, ensaladas, quesos
llegados a diario de Francia y los famosos postres, tan espectaculares
que uno no los quisiera ni tocar. Todo se ha logrado perfectamente en
tiempo, intención, objetivo y obra. No ha fallado nada. Había
que tener el espíritu y entusiasmo para hacerlo, y seis millones
de los verdes en la bolsa para invertirlos. ¡Bravo!
|