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una estufa descompuesta salieron la mayoría de los cuadros, afirma
el autor. ¿Cuadros? Extraña designación de persistente
anclaje en la pintura, cuando lo que en ellos vemos ni es bidimensión,
ni es ilusionismo, ni es “pintura" propiamente; es concreto
sobre mangueras, alambres: piezas a fuerza de separación desfuncionalizadas.
Todo eso, lo gris, funcionaría como el fondo (volviendo a la convención
del espacio en el lienzo); sobre él se sostienen patas de pollo,
botellas de Coca-Cola con tipografía en árabe, un escorpión
y alguna ventana marroquí. Esas serían las formas. Arthur
Danto quizá dijera que las piezas de Ezpania hacen uso de varias
muertes de la pintura: el monocromo, los ensamblajes, la tridimensión,
la carencia de lienzo... Por otro lado, la historia del arte lo fincaría
a los cubistas primero, a los surrealistas después. Al dadaísmo.
Por algún lado al suprematismo de Malevich; sin duda, a los constructivistas
rusos. Después al póvera; pudiera incluso retomar algo de
la estética minimalista; sin pensarlo al pop, y luego, a todos
los posts. Yo diría que Miguel Ezpania es hijo de su tiempo y que
lo ve con mirada atenta. Le importa la historia que da vueltas sobre sí
misma en forma de pequeñas historias. Será por esta razón
que se volvió un ladrón de oficios.
Los “cuadros" que integran la exposición Apuntes marroquinos,
de Miguel Ezpania, en la Galería Itatti, responden misteriosamente
a la pretensión última de la pintura renacentista, en tanto
que se presentan como ventanas al mundo. Ezpania se asoma a lo que en
su lejanía llega a ser incomprensible y a lo que en el absurdo
deviene en destrucción. Modos de asir el tiempo.
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