Si todavía creyéramos
en lo hermoso...
colectiva en la López Quiroga
Por: Marcela Quiroz Luna  
 

s una pena que no se haya difundido lo suficiente una de las más hermosas muestras (de antemano temiendo la satanización del adjetivo “hermoso" cuando se habla de arte, por pecar de superficialidad o caer en el elogio fácil y anacrónico) en las salas de la Galería López Quiroga, convertida entre las dificultades citadinas en un remanso para el alma. Regalo que el arte a veces da (a veces no) y cuando uno lo encuentra, cómo lo agradece.
En el primer piso, algunas fotografías de Graciela Iturbide; todas con aves, muchas aves, en varios mundos, entre sombras y barridos geográficos. Arriba, cerámica de Gustavo Pérez con esos juegos de planos que hacen que la tridimensión deje de ser lo importante en la cerámica y se vuelva un juego de percepción en dos planos. Las piezas en papel de Chillida sugieren una interesante mancuerna exploratoria entre el espacio y sus potenciales imaginarios.
Algunos rizomas como mapas, en serigrafía, de Alfonso Mena Pacheco; pequeños óleos de Irma Palacio sobre el juego de la veladura, la textura de los vacíos y la trama de lo velado —a decir de Jacques Derrida—, comparten los demás espacios con algunos de los ya no tan intrigantes personajes de Cuevas.
La hermosura es sutil y lo sutil, sin duda, hace la vida más llevadera.

 
Gustavo Pérez, 0136, 2001, cerámica de alta temperatura,
26 x 25.5 x 22 cm.
  Eduardo Chillida, Bikaina X, 1987,
aguafuerte, 65 x 50 cm.


Galería López Quiroga

Aristóteles 169
Colonia Chapultepec Morales
México, DF, 11550
Tel: 52 80 12 47
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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