l
imponente paisaje regiomontano nos deja sin aliento al ser admirado desde
esta bellísima propiedad de la familia Milmo —en el fraccionamiento
Olinalá—, estratégicamente situada al centro de la
“M" (nombre que recibe el cerro por la forma de su cúspide).
Pero la maravillosa vista es tan solo una de tantas características
que hacen de ésta, una de las casas más espectaculares del
norte de México.
El arquitecto neoyorquino Raymond Jurado logró con gran habilidad
dominar un suelo complejo, rocoso y en declive, para transformarlo en
una residencia sorprendentemente espaciosa, tomando en cuenta las limitaciones
geográficas del terreno. Las distintas plantas están distribuidas
en desniveles, lo que incrementa la sensación de amplitud. El estilo
arquitectónico tiene cierta similitud con el de la escuela mexicana
representada por Luis Barragán, principalmente en cuanto al manejo
de espacios, el uso de formas simples y la ausencia de ornamentación.
Para llegar a la propiedad se recorre una vereda de piedra. Un puente
colgante nos conduce a la entrada principal. Al interior de la casa lo
primero que seduce es la interesante colección de arte —donde
predomina el estilo mexicano— y las artesanías que armonizan
el exquisito mobiliario. La mayor parte de los muebles y tapetes fueron
diseñados por el norteamericano Neal Stewart, quien junto con Maye
Rangel de Milmo, fue autor de la decoración.
Tanto la iluminación natural como la artificial tienen una importancia
estética primordial. De día, la luz entra cálidamente
a través de los grandes ventanales, que a su vez nos permiten disfrutar
del bello jardín diseñado por la señora Milmo. Al
atardecer, los reflectores se encienden para delinear el contorno de los
árboles, mientras en el interior la luz toma diferentes tonalidades
para dar mayor protagonismo a rasgos más refinados —como
las piezas de arte.
 |
La colección incluye obras de prestigiados artistas latinoamericanos
como la colombiana Ana Mercedes Hoyos, el chileno Jorge Tacla y los mexicanos
Sergio Hernández, Rodolfo Morales, Francisco Toledo y Alejandro
Colunga. Todos los detalles reflejan el buen gusto de la familia Milmo.
Es evidente la delicadeza y el empeño que sus propietarios dedicaron
al seleccionar cada mueble, cada objeto, o cada cuadro, que a pesar de
su heterogeneidad encuentran un lugar perfecto para ser admirados.
Las habitaciones son muy amplias, cada una tiene baño y vestidor
propio. La recámara principal cuenta además con jacuzzi,
sauna y ducha al aire libre. El área social —equipada con
teatro TV y sonido surround— se compone por una sala de entretenimiento,
dos comedores, bar y una estancia principal. Al final del recorrido, un
estrecho pasillo nos conduce a la terraza exterior, lugar predilecto desde
donde mejor se aprecia el majestuoso paisaje regiomontano y su símbolo
por antonomasia: el cerro de la Silla. Este espacio resulta ideal para
disfrutar tanto de animadas reuniones al aire libre como de románticas
veladas bajo el cielo estrellado.
|